Al parecer el socialismo sigue acechando y atemorizando a países capitalistas de libre mercado y “democráticos” en su mayoría. Cualquier discurso, acción o propuesta que se aleje del capitalismo es inmediatamente tachada de tintes socialistas o comunistas, dependiendo sea el caso.
El presidente de MORENA, Alfonso Ramírez Cuéllar, tuvo la osadía de proponer que el INEGI tuviera las facultades para “medir la riqueza”. Argumenta que así como el Coneval mide la pobreza extrema, el INEGI pueda ahora entrar sin ningún impedimento legal a revisar el patrimonio inmobiliario y financiero de todas las personas, y así obtener datos de la riqueza extrema o acumulación de esta con la finalidad de generar mejores políticas públicas para combatir la desigualdad y amortiguar el golpe económico que se avecina. En pocas palabras, traducir esta información para crear un “Estado de Bienestar”.
La propuesta suena intrusiva, escandaliza a los defensores de la propiedad privada, o sea la mayoría de la población, y aún más a quienes más acumulan. Es aquí donde se asoma el temido fantasma del socialismo y uno que otro analista utiliza a diestra y siniestra este término aprovechando que se habla de acumulación de riqueza, una supuesta lucha de clases, bienestar en lugar de Producto Interno Bruto y las que se puedan sumar así. No es para menos que se hayan desatado tan duras críticas hacia esta propuesta y que incluso diputados, senadores y el mismo AMLO rechazaran la propuesta. La intromisión y la violación a la propiedad privada que esto implicaría, sería un tremendo retroceso y parteaguas en el país. Ahora bien, ¿son verdaderamente AMLO o su caótico partido socialistas?
De manera rápida y concisa la respuesta es un rotundo no. Como mencioné antes, las propuestas de AMLO pueden parecer que van encaminadas hacia las propuestas de Marx. El odio que fomenta AMLO entre la población puede ser lo que más fácil puede tomarse para ejemplificar la lucha de clases de Marx que analistas y columnistas mexicanos han aprovechado para darle el beneficio de etiquetar a la 4T de socialista. Es de sorprenderse la facilidad con la que utilizan el socialismo o citan a Marx, ya que AMLO y su movimiento están a años luz de encaminarse hacia el socialismo. Los interminables ataques de López Obrador a los medios tradicionales y los lineamientos que ha seguido, y que su gabinete ha secundado para darle más poder al poder; enaltecer a los pobres y querer crear su Estado de Bienestar no se sustentan en el socialismo, se sustentan en la charlatanería, en complejos y resentimientos del mandatario y aplaudidos por sus “periodistas”, por sus soldados en el Congreso y por parte de la población que le sigue ciegamente. Los discursos paliativos que repite en las mañaneras, sus grandes demostraciones de ignorancia combinada con odio y la visión tan corta que tiene del mundo y del propio país, en nada se asemejan a lo que Marx y Engels dejaron impreso para la eternidad.
Ni socialista, ni populista. México tampoco será la nueva Venezuela. AMLO y su pseudo populismo no le llegan ni a los talones a lo que fue la Venezuela de Hugo Chávez. El “enfilamiento socialista” Morenista ni en sus mejores sueños llega a parecerse a la URSS en su máximo esplendor. Si así fuera, tendríamos un mandatario fuerte que hace frente al imperio Yankee, pero la situación es totalmente contraria: México está sometido a EEUU. AMLO habla de aniquilar el neoliberalismo pero mantiene de su lado a empresarios interesados y el déficit fiscal en cero. ¿Socialismo?, ¿dónde? Es irresponsable invocar al fantasma para tratar de describir a este gobierno. Así, al llamar a AMLO socialista, se le hace un favor. Lo único a lo que enfila es a la pauperización del país con tal de cumplir sus lamentables proyectos.
