Con frecuente insistencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador asegura, con timbre de orgullo, que no tiene cuentas bancarias -salvo aquella en la que se deposita su sueldo- y que nunca ha tenido una tarjeta de crédito. El mandatario se muestra reacio a usar los servicios financieros, y en su argumentación para ello confunde la sobriedad económica con la honestidad.
Usar o poseer una tarjeta de crédito, ser titular de una cuenta de cheques o de ahorro, o incluso adquirir un crédito financiero o bancario, es algo común actualmente y la mayoría de las personas en México lo saben. Sin embargo, la aparente confusión del presidente tiene un objetivo político: hacer pensar a muchos mexicanos que él es como ellos y que desarrolla su vida cotidiana sin necesidad de servicios financieros.
La Tercera Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), cuyos resultados presentó el INEGI en 2018, señala que, de la población entre 18 y 70 años, 68% (54 millones de personas) tienen al menos un producto financiero, lo que representa 2 millones más con respecto al levantamiento de 2015.
Usar o poseer alguna cuenta bancaria tiene relación directa con una serie de servicios o cumplimiento de deberes. El primero de ellos tiene que ver con el pago de impuestos. Ningún trabajador con una relación laboral formal recibe su sueldo en efectivo.
Desde el gobierno del presidente Ernesto Zedillo, los sueldos gubernamentales dejaron de pagarse en cheque o en efectivo. El gobierno inició la bancarización de sus sistemas contables, incluyendo la nómina, y los burócratas empezaron a recibir sus salarios con depósitos en cuentas bancarias.
El uso de los servicios financieros ayuda en mucho a disminuir los flujos de efectivo, que también son regulados con otros mecanismos para prevenir el lavado de dinero. Es difícil imaginar en estos tiempos a una persona que acuda a comprar un automóvil, por austero que sea, y pague en efectivo en la agencia automotriz. López Obrador presume de no haber usado un servicio financiero, pero también de no poseer ningún bien. Sin duda, es un personaje sui generis, pues difícilmente encontraríamos a otro mexicano que a lo largo de su vida laboral, con varios periodos en la formalidad, no tenga una cuenta de ahorros o posea bienes materiales. ¿En qué gastó los sueldos que percibió como director del Instituto Indigenista de Tabasco, director de Promoción Social del Instituto Nacional de Consumidor, presidente del PRD y Jefe de Gobierno del Distrito Federal? Y lo más importante, ¿cómo le pagaban sus sueldos en los dos últimos encargos? ¿Le pagaban en efectivo?
Para nadie es desconocido que las declaraciones de impuestos de López Obrador son un secreto, hoy de Estado. No se le conoce ninguna declaración de impuestos.
En síntesis, López Obrador dice ser como los millones de mexicanos que se encuentran en los niveles más bajos de ingresos, entre quienes sus transacciones diarias son en efectivo. De hecho, la ENIF también señala que el uso de efectivo es la principal forma de pago cuando se realizan compras y pagos de servicios, aunque hay regiones que han disminuido su uso. En la Ciudad de México, por ejemplo, la proporción de población de 18 a 70 años que emplea efectivo para realizar compras de 501 pesos o más es 78, es decir, 9 puntos porcentuales menos en comparación con el resultado nacional, que se ubica en 87%. En contraste se encuentra la región sur del país, con 91 por ciento.
Al negarse a usar servicios financieros, el presidente López Obrador manda un mensaje político para millones personas de los estratos económicos más bajos. Les dice que él, al igual que ellos, no necesita a la banca para vivir. Les dice que él sí trae cash. Por otra parte, López Obrador tiene una tirria histórica en contra de los bancos y de los banqueros. Simplemente no los quiere.
El uso de los servicios financieros nos puede dar una idea de qué tan desarrollada está una sociedad. El diagnóstico común suele enfocarse en lo más simple, y generalmente destacan variables como el número de personas que tiene una cuenta bancaria, el acceso a crédito o contrataciones de seguros u otros productos financieros.
También es cierto que los servicios bancarios en México aún son caros, y que el costo de muchas comisiones bancarias en el país excede el promedio mundial. Sin embargo, que un presidente fomente el uso del efectivo más que los servicios bancarios, habla de la visión que el mandatario tiene. Se pone en una situación parecida a la del tendero de un pueblo que sólo maneja efectivo, apunta en una libreta a sus deudores y el monto que adeudan, y sólo adquiere en mercancías lo que le alcanza con su efectivo. En consecuencia, en esa tienda nunca hay nada. De ese tamaño.
