En plena carrera rumbo a la elección intermedia del próximo año, en donde aparte de las 15 gubernaturas que estarán en juego, se renovará la cámara de diputados federal y su nueva conformación será vital para consolidar o rechazar el proyecto de la 4T; desde Palacio Nacional se opera con todos los recursos del Estado para afianzarse en el poder.
El escenario nacional se caracteriza por la radicalización contra López Obrador, debido a que han ocurrido diversos acontecimientos que han movilizado a la sociedad civil, que, cómo nunca, está participando en movilizaciones y toda clase de manifestaciones en contra del actual régimen. Desde periodistas e influencers, hasta personal médico, mujeres, padres con hijos con cáncer, desempleados, clase media y víctimas de la violencia, tan solo por citar algunos sectores de una sociedad activa e interesada en participar en la vida pública y política del país.
Y por parte del sector público el bloque de gobernadores panistas se ha consolidado con la incorporación de mandatarios que pertenecen a otras fuerzas políticas, como Enrique Alfaro, de Jalisco
La pandemia contraria a lo que piensa AMLO, finalmente no le cayó como anillo al dedo por el desastroso manejo que se ha hecho de la crisis médica y en la que su gobierno tiene buena parte de la culpa de la mortandad ocurrida. Por ese sesgo partidista e ineptitud de López Gatell y del mismo presidente de la república, se han saturado los hospitales públicos y buena parte de los privados y como van las cosas, en dos semanas más por desgracia, estaremos hablando de más de 50 mil muertos por COVID 19. Esto sin considerar los fallecimientos en hogares y hospitales privados.
Realmente, es una tragedia de proporciones dantescas en la que AMLO y compañía prefieren ser omisos, en lugar de disponer todos los recursos presupuestales que tiene el gobierno para mejorar la atención médica con todos los suministros necesarios, desde respiradores hasta equipo de protección a los médicos y enfermeras, además de paliar la crisis económica con apoyos provenientes de los préstamos obtenidos en el Banco mundial que a la fecha son 2.200 millones de dólares.
Persiste el presidente y su patiño preferido en la terquedad que las pruebas de detección masiva no son relevantes.
El gobierno tiene dinero pero no lo quiere usar para salvar vidas o para ayudar los millones de mexicanos que han perdido su empleo, además del riesgo que corren el 80 por ciento de las pymes que están quebrando.
Se prefirió meter ese dinero a tres obras que nacerán muertas y fondear programas político- electorales disfrazados de política social y claro para tener una bolsa gigantesca de recursos para usarlos en la elección intermedia.
Y en el congreso, las bancadas opositoras al partido oficial y rémoras, ya conformaron un bloque sólido que, por lo pronto, impedirán que en este periodo extraordinario que se avecina solo se traten los temas relacionados al T-mec y no al nombramiento de los cuatro consejeros faltantes en el INE o el manejo discrecional del presupuesto por parte de AMLO
Y se me olvidaba, falta de mencionar el problema mayor al que enfrentan los mexicanos, la inseguridad pública que como nunca ha rebasado a las autoridades.
