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Se tenía que decir… El gobierno del a’i se va. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

29 Jun 2020
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El presidente Andrés Manuel López Obrador optó por encabezar un gobierno bananero, sin recursos -y no nos referimos al dinero-, sin reacción y sin estrategias. Es el gobierno del “a’i se va” en tiempos que ameritan menos palabras y más resultados.

 

López Obrador ha tirado por la ventana la esperanza de un verdadero cambio que tenían más de 30 millones de mexicanos que votaron por él en 2018, y que creyeron en sus promesas. Es cierto, el tabasqueño no engañó a nadie. Siempre dijo lo que haría en caso de llegar a la Presidencia. Lo que ocurre es que muchos no le creyeron, y muchos otros no creyeron que llegara a tanto.

 

El presidente se ha enfrentado a los empresarios mexicanos y los ha acusado de ser corruptos. Muchos de ellos, acostumbrados a negociar con el gobierno, pensaron que sería igual en este sexenio y se toparon con un mandatario que usa al SAT y a la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda como sus brazos golpeadores para amedrentar.

 

Lo que también es cierto es que de esa forma el gobierno ha recuperado miles de millones de pesos que adeudaban algunos empresarios por la vía de los impuestos.

 

La actuación del gobierno en general está dejando mucho qué desear. En lo político, se ha distinguido por la confrontación y la polarización. El presidente sabe que eso le conviene a él y a su partido político, pero deja de lado que una sociedad confrontada no es buena para ningún país.

 

El presidente atiza todos los días el fuego de la división. Culpa a sus adversarios de promover, financiar y alentar un golpe de Estado imaginario, que sólo existe en su cabeza, pero que a sus seguidores les aviva el odio por “aquellos que saquearon al país” y que son los que se oponen al avance del actual gobierno. Si el presidente no da resultados, es porque sus poderosos adversarios se oponen y le ponen toda clase de trabas al proyecto de la 4T, razonan los seguidores de un López Obrador que conoce muy bien el pensamiento de las masas y de ese “pueblo bueno” que figura en los padrones de los programas sociales lopezobradoristas.

 

En lo económico, el presidente López Obrador y su gobierno están enfrascados en una idea loca que está llevando al país a la muerte financiera: el rescate de PEMEX. Desde el inicio de su gobierno, López Obrador aseguró que convertiría a PEMEX en la principal fuente de crecimiento económico, y que éste alcanzaría promedios anuales de al menos 4%. PEMEX es hoy un auténtico barril sin fondo que consume una gran parte del presupuesto federal, sin aportar nada en contraparte.

 

Ese dinero que se le está aportando a PEMEX bien podría destinarse a sectores que hoy lo necesitan mucho más, como el de la salud.

 

PEMEX es la petrolera más endeudada del mundo, su producción ha disminuido en las últimas décadas y su operación es altamente costosa e ineficiente.

 

López Obrador también está posando todas sus expectativas en el T-MEC. En su más reciente “informe al pueblo de México” que graba cada fin de semana, el presidente aseguró que tiene información de que en junio “sólo” se perdieron 70 mil empleos formales en el país. Sin mayores datos que sustenten sus dichos, López Obrador dijo que ello indica que la caída económica del país tendrá un comportamiento en forma de “V”, y no de “L” como pronosticaron los expertos.

 

Se cuelga de las acciones en Estados Unidos. Asegura que los montos millonarios que el gobierno de Donald Trump está destinando a la recuperación económica de Estados Unidos repercutirán de manera positiva en México. Lo explica de esta forma: los 23 millones de mexicanos que radican en Estados Unidos se verán beneficiados con el rescate económico en esa nación, por lo que los montos de las remesas que envían a sus familiares en México se incrementarán, y ello beneficiará a la economía de nuestro país. Bien, y mientras, ¿nosotros qué hacemos? El gobierno de México no tiene una estrategia para reactivar la economía del país.

 

Entre las acciones que han anunciado está, por ejemplo, adelantar las mensualidades que otorga el gobierno en programas sociales. No hay acciones de Estado, no hay estrategias, no hay ideas, no hay gobierno, no hay presidente.

 

Un mandatario sin ideas ni estrategias no le sirve a este país. Es un presidente que de sus asesores sólo escucha los halagos y lisonjas. Un presidente que no sabe gobernar.

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