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Conferencia Tras Banderas. Riesgos sanitarios y la práctica de ritos. Por: Pepe Rocello Destacado

30 Jun 2020
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La pandemia representa retos para poder construir una nueva realidad a partir de la disminución de riesgos para la población ante el proceso virulento con la que se ha presentado, trasmitido, contagiado y con las dificultades científicas y prácticas para poder identificar una causa clara para ubicar su origen.

Es muy claro, hasta ahora, el origen geográfico del Covid-19 ha identificado a China y no hay más discusión sobre el particular, pero en la identificación de su origen de contagio no hay consenso y se sigue buscando las razones de esta mutación o migración de zoonosis, es decir de un animal al humano o su origen es de una mutación en un humano en particular o producto de una inoculación de un laboratorio de prueba de biológicos a un humano, el paciente cero, y de este a el resto del mundo.

Las dificultades fundamentales para identificar el origen seguirán hasta que China abra toda su información sobre el paciente cero y que, a partir de ello establecer el principio de su tratamiento, ya que al identificar su origen podremos acelerar el proceso de su control.

Si en efecto es una zoonosis que pasó de los murciélagos, los perros, gatos, ratas o víboras etc., se trata de un manejo muy inadecuado de la sanidad animal, es decir que estamos conviviendo con animales portadores de virus o que su inadecuado manejo nos lleva a estar expuestos a contagios, que al ser desconocidos por el sistema inmunológico de los humanos genera este alto riesgo.

En nuestro país el proceso de contagio persiste, a pesar de que el presidente AMLO y su subsecretario López Gattel, desde la semana pasada, quieren despedir a la ya famosa Sana-distancia para pasar del semáforo rojo a uno artificial pero muy necesario, a anaranjado, en donde empecemos a recuperar la nueva normalidad.

Si se confirma que fue una zoonosis es imprescindible que esta nueva normalidad establezca medidas sanitarias para el manejo de todos los animales que sirven para el sostenimiento de la sociedad, recordar que la influenza se supone se originó en un inadecuado manejo de un criadero de puercos.

El riesgo se manifiesta en el uso y disposición de los recursos animales alimenticios, desde su confinamiento para su crecimiento y engorda, matanza y conservación para su posterior ingesta todo ello, supuestamente, bien controlado por las autoridades de salud y del Cofepris que maneja los riesgos sanitarios para nuestra población.

En donde encontramos de manera cotidiana un vacío grave es en el manejo inadecuado de los animales, su sacrificio y su adecuada disposición final de los animales que son utilizados por la santería que de manera ordinaria se tiran a la calle con la complicidad o ausencia de regulación para su práctica y más cuando la gente que lo práctica está convencida de que estos cadáveres son potadores del mal que los aqueja y que a través del rito pasó de la persona al animal.

Sin embargo, este vacío, resulta porque no existe un reconocimiento real de esta práctica ritual y por lo mismo no puede ser regulado por la Secretaría de Gobernación y ni tampoco por los gobiernos estatales y la Jefa de Gobierno en donde se concentra de manera importante esta práctica de la santería y los gobiernos municipales y las alcaldías que maneja la disposición final de los residuos.

Es indispensable de que esta práctica ritual sea regulada, no por tratar de coartar su práctica o poner bajo sospecha su efectividad, es para minimizar los riesgos sanitarios de una disposición inadecuada de los restos, básicamente los tiran en la calle, y que no exista una disposición segura de los cadáveres y ya poniéndonos muy intensos que se respete la Ley para que el sacrificio sea realizado con criterios de humanidad, que hasta donde se sabe es muy salvaje.

Si logramos avanzar hacia el registro de los santeros y santeras, que son muy fáciles de identificar, se podrá evitar que los cadáveres de gallinas, palomas, gatos, tortugas, y hasta cabras y corderos, sean tirados en las calles dependiendo del cliente y que su proceso de descomposición no contribuya a incrementar los riesgos sanitarios que ahorita tenemos. Luego entonces,  lo que no se regula no puede ser mejorado.

Acaso será mucho pedir algo tan fácil, como poner la obligación para cada santero y santera de contar con un recipiente para la disposición segura de sus cadáveres y revisar sus prácticas de sacrificio.

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