En un contexto de incertidumbre como el que se vive hoy día en nuestro país y el mundo entero, en gran parte gracias a la pandemia de COVID-19, la entrada en vigor del T-MEC parece ser una bocanada de aire para México.
La ratificación del T-MEC en los Congresos de las tres naciones involucradas y la entrada en vigor este 1 de julio, con lo que se completa la transición del antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte hacia el nuevo tratado comercial, habla de que el proceso de integración económica sigue a pesar de las condiciones y personalidades en el poder, específicamente en Estados Unidos y México, y que se da en un momento de crisis de seguridad nacional aguda que ha sido catapultada por el COVID-19
Asimismo, genera grandes expectativas para impulsar la economía regional que ha sido golpeada por las condiciones globales actuales y específicamente en México, donde se espera una contracción del PIB de entre un 7% y 10% para cerrar el 2020 y en donde al mismo tiempo, se venían tomando preocupantes decisiones gubernamentales federales que lograron dejar a México fuera de listas de confianza para la Inversión Extranjera, como el Índice de Confianza de Inversión Extranjera 2020 de Kearney, los frenos repentinos a inversiones en proyectos de energías limpias y la cancelación de la construcción de la cervecera Constellation Brand, son sólo algunos ejemplos de lo que la actual administración tendrá que dejar de hacer para que pueda haber un efectivo funcionamiento del nuevo Tratado modernizado.
Siguiendo este mismo punto, es oportuno dejar claro que el Tratado no será un salvavidas por sí mismo. La contribución que pueda hacer este Acuerdo se dará en la medida que los gobiernos tomen las medidas correctas, ya que por sí mismo, no es suficiente para terminar con los problemas económicos en la región de Norteamérica. A pesar de que este nuevo Tratado actualiza, profundiza y presenta nuevos comercios, los gobiernos necesitan crear un marco legal próspero y de confianza para que la región de América del Norte siga siendo la más competitiva económica y comercialmente.
Hay retos importantes a superar con la entrada del T-MEC. Desde cumplir con las obligaciones que se adquirieron con el Acuerdo hasta fortalecer los mecanismos de solución de controversias por parte de México y sobre todo, propiciar las condiciones necesarias para recuperar la credibilidad de inversión en el país. Lo que analistas y especialistas en la materia recomiendan es que se regenere el canal de apoyo del gobierno hacia las empresas privadas, como así lo están haciendo varios gobiernos con sus aerolíneas que se han visto tremendamente afectadas por la pandemia, entre muchos otros ejemplos.
El gobierno de López Obrador ha marginalizado este tema dando prioridad a enriquecer sus programas sociales y no ha presentado, hasta el momento, un plan de recuperación económica para las PyMES y/o empresas de mayor calibre que estén atravesando una crisis económica. Por lo mencionado, es esencial que exista compromiso de los gobiernos para fomentar las condiciones propicias y que así, los demás beneficios para México que se plantearon en los capítulos del Tratado puedan ser aprovechados en su totalidad. Sin duda la entrada en vigor del T-MEC puede ser un poderoso propulsor para la economía mexicana y que así pueda seguir en el camino de la integración económica de la región más competitiva comercial en el mundo.
