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Se tenía que decir… No son amigos. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

10 Jul 2020
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La visita que el presidente Andrés Manuel López Obrador realizó a Washington para reunirse con el mandatario estadunidense Donald Trump se ha querido interpretar como un parteaguas y un giro total en la relación entre ambas naciones, como consecuencia de la “amistad” entre los dos mandatarios.

 

El encuentro no fue un pleito ni el marco para un desdén público de Trump hacia López Obrador, como muchos de los adversarios del tabasqueño supusieron y expresaron en diversos medios, ni resulta ser el parteaguas de la relación bilateral, ni el encuentro de dos almas gemelas, como pretenden hacer creer los lopezobradoristas.

 

La diplomacia funcionó y al parecer ambos personajes lograron sus muy personales objetivos, pero ello no significa que la relación México-Estados Unidos haya dado un vuelco a favor de nosotros y que a partir de ahora la relación será entre amigos. “Los Estados Unidos no tienen amigos, tienen intereses”, expresó el secretario de Estado estadunidense durante el gobierno del presidente Eisenhower, John Foster Dulles.

 

Donald Trump se ha cansado de demostrar su desprecio hacia México y los mexicanos, especialmente hacia los inmigrantes indocumentados que buscan en Estados Unidos mejores condiciones de vida. Sobre México y su actual presidente, Trump ha dicho: “Ellos nos están ayudando mucho en la frontera. Tienen a 27 mil soldados mexicanos en la frontera y detienen a quienes quieren entrar a nuestro país…”.

 

El gobierno de López Obrador accedió a modificar su política migratoria ante la amenaza de Trump de establecer aranceles a los productos mexicanos en la Unión Americana, y colocó a miembros de la Guardia Nacional en las fronteras sur y norte de México para garantizar una disminución considerable del flujo migratorio indocumentado hacia los Estados Unidos. Ello no corresponde con el discurso del presidente de México en el que le expresa a Trump: “usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía. En vez de la Doctrina Monroe, usted ha seguido, en nuestro caso, el sabio consejo del ilustre y prudente George Washington, quien advertía que las naciones no deben aprovecharse del infortunio de otros pueblos. Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente”.

 

Como ha sido su costumbre, López Obrador tiene “otros datos” en lo que se refiere a la relación con Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump. El magnate no es una persona distinta a aquella que fue duramente criticada por el propio López Obrador y sus seguidores cuando acudió a Los Pinos a invitación de Enrique Peña Nieto.

 

“Nos ha tratado como lo que somos: un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”, le dijo al presidente de Estados Unidos, olvidando aquella frase de Trump en el arranque de las primarias republicanas: “Amo a los mexicanos, pero México no es nuestro amigo”. O aquella otra de junio de 2015: “Cuando México envía a su gente no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas que traen drogas, crimen, y son violadores”.

 

Si bien el episodio en la Casa Blanca fue pura diplomacia, en la que Trump se mostró cómodo y López Obrador se desvivió en elogios hacia el mandatario estadunidense, las relaciones entre México y Estados Unidos durante el gobierno de Trump han sido complicadas por las constantes ofensas y amenazas hacia nuestro país.

 

La diferencia que se aprecia en el trato de Trump hacia México, comparado el gobierno actual con el del presidente Peña Nieto, es que López Obrador ha optado por fingir que no hay agravios. Para López Obrador, los agravios son cosa del pasado supuestamente porque ahora hay respeto por México y una actitud digna para hacer frente a Trump. Nada más distante de la realidad, pues López Obrador ha cedido en todas las exigencias de Trump, quien se complace y elogia a López Obrador porque accede a todo lo que se le solicita.

 

Trump dedicó el inicio del primer debate que sostuvo con Hillary Clinton a insistir en la amenaza económica que representan para su país México y China. Insinuó que México había aumentado los impuestos a las importaciones estadunidenses y que eso había inclinado la balanza comercial a favor de sus socios del TLC. Esta afirmación fue desmentida en un estudio del Instituto Peterson que explica que ha pasado justo lo contrario, y que la carga impositiva para las exportaciones de Estados Unidos es del 4.3% mientras que los productos mexicanos que cruzan la frontera tienen un impuesto del 12.4% en promedio.

 

Las ofensas de Trump hacia más de 125 millones de mexicanos y 30 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos continuarán, por más elogios, comprensión y agradecimiento que López Obrador le haya expresado en la Casa Blanca, porque esa es la naturaleza del presidente estadunidense que mantiene a su base electoral con discursos de odio hacia la inmigración ilegal y hacia un México al que pinta como el origen de muchos problemas de su país.

 

El episodio de la visita a la Casa Blanca fue pura diplomacia, pero lamentablemente no cambiará en nada el sentido de la relación entre Estados Unidos y México.

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