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Se tenía que decir… El bueno, el malo y lo feo. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

13 Jul 2020
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El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene un estilo peculiar para enfrentar sus responsabilidades, o para eludirlas. Utiliza su estrategia de comunicación, que el propio mandatario y su vocero, Jesús Ramírez Cuevas, consideran eficiente, aunque la realidad ofrezca datos y evidencias diferentes.

 

El principal indicador que muestra que la comunicación gubernamental no está siendo eficiente es la caída en la aprobación y popularidad del presidente. La cifra más reciente indica que 51.9% de los mexicanos desaprueban la gestión de López Obrador. En realidad, la pandemia no les cayó como anillo al dedo al presidente y su gobierno, y la errática manera de enfrentar sus consecuencias en los ámbitos sanitario y económico, evidenció la falta de rumbo y de inteligencia para dar buenos resultados de gobierno.

 

México ya alcanzó 35 mil muertes a causa del coronavirus, lo que lo ubica en el cuarto lugar por el número de decesos. Entre los países que tienen mayor número de muertes por el COVID-19, están Estados Unidos en primer sitio y Brasil en segundo. Lo preocupante es que mientras en la Unión Americana ha fallecido el 4.15% de los contagiados y en Brasil ha muerto 3.88% de quienes contrajeron el virus, en México ha fallecido el 11.67% de las personas contagiadas.

 

La letalidad que en México tiene el coronavirus es poco más de dos veces mayor que en Estados Unidos, y poco menos de tres veces que en Brasil. Ello indica que algo no se está haciendo bien en la atención de quienes se contagian de coronavirus en México. Además, este dato no considera el subregistro que se ha denunciado en varias ocasiones y que el propio doctor Hugo López-Gatell ha reconocido.

 

Además, la información oficial indica que casi ocho de cada diez pacientes contagiados, 76%, no ingresaron a terapia intensiva ni fueron entubados, y para la mitad de los fallecidos no hubo un diagnóstico público por coronavirus antes de fallecer, sino que llegó el mismo día del fallecimiento o días después. Por si fuera poco, en la última semana en México murió una persona por COVID-19 cada dos minutos en promedio, y cada 14 segundos una persona se contagió.

 

Observando esta información, lo menos que un crítico puede pensar es que a los pacientes de COVID-19 se les está dejando morir. Las palabras del presidente y del doctor López-Gatell sobre lo bien que ha actuado el gobierno para enfrentar la pandemia, y que la pandemia fue domada y que la curva se aplanó, quedan rebasadas por la realidad en la que 35 mil familias del país han perdido a algún integrante.

 

Mientras tanto, el presidente avienta culpas y asegura que los medios de comunicación atacan a López-Gatell porque “están muy desesperados porque no sucedió lo que ellos esperaban”. La mezquindad y la politización del tema.

 

En el tema económico, la actuación del gobierno no ha sido mejor. Basta mencionar la información sobre la situación del empleo en el país difundida por el subgobernador del Banco de México, Jonathan Heath: para el mes de mayo pasado, más de 34 millones de personas en México necesitan empleo. Entre abril y mayo de este año se perdieron 12 millones 800 mil empleos en el país. De ellos, 8 millones 460 mil fueron en el sector informal, mientras que 3 millones 720 mil fueron en el sector formal. Estos números explican la urgencia de la gente porque se acabe el encierro provocado por la pandemia.

 

Muchos dirán que los empleos perdidos no pueden achacársele al gobierno, pero la monumental mentira del presidente de que se crearán 2 millones de puestos de trabajo en lo que resta del año no ayuda, como tampoco ayuda la falta de apoyos a las micro, pequeñas y medianas empresas por parte del gobierno para evitar que se incremente el número de cierres de estas empresas y la consecuente pérdida de empleos.

 

El gobierno parece haber abandonado a su suerte a su pueblo, al que echa a las calles en busca del sustento económico sin una estrategia definida y eficaz para evitar que la línea de contagios y de muertes continúe su ritmo ascendente. López-Gatell culpa a los gobernadores por el incremento en los contagios y fallecimientos y se niega a asumir que el Gobierno de la República tiene gran parte de responsabilidad en ello.

 

La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ya había hecho notar la incongruencia en la información que alegremente difunde López-Gatell todos los días.

 

Pero la estrategia del gobierno consiste en culpar siempre a alguien más. Nosotros somos los buenos, nuestros adversarios son los malos, señalan López Obrador y López-Gatell.

 

Al presidente sólo le importa su imagen y los votos que pueda conservar para la elección intermedia del próximo año. Su estrategia de gobierno consiste en entregar dinero a quienes pretende comprar su lealtad y su voto. Todo lo demás no importa. No importa que el panorama sea feo y que vaya para peor. No importa que la realidad le urja a actuar y a hacer algo más que mentir. Qué feo que haya sido el principal opositor en México desde hace 18 años, y que ahora pinte para ser el peor presidente en la historia del país.

 

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