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Se tenía que decir… La risa del presidente. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

10 Ago 2020
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Andrés Manuel López Obrador tiene fama de necio, de tozudo. También tiene fama de no reconocer ninguna derrota. En las cuatro elecciones que ha perdido, dos por el gobierno estatal de Tabasco y dos por la Presidencia, ha acusado fraude y ha emprendido acciones para desacreditar los resultados.

 

Eso habla mucho de su forma de ver y enfrentar las contiendas, y por ello pocos dudan que, en el caso de que las elecciones intermedias no le sean favorables para mantener la mayoría en la Cámara de Diputados y ganar todos los estados en disputa, López Obrador hará lo que pueda para que su partido sea el gran ganador en 2021.

 

Durante muchos años, López Obrador actuó como el gran opositor, aquel que decía tener la solución a los distintos problemas que enfrenta el país. La realidad ha mostrado que ese gran opositor no ha sabido ser autoridad ni ha sabido encabezar un gobierno nacional.

 

El presidente ya empezó a actuar. Ante la debilidad y casi nulidad de los principales partidos de oposición, los enemigos a enfrentar para López Obrador están resultando ser la pandemia por el coronavirus, la desbordada inseguridad en el país, y su total desconocimiento sobre cómo funciona la economía actual en el mundo, y por tanto en México.

 

La estrategia del presidente se empieza a notar poco a poco, y en breve se apreciarán súbitos cambios en su manera de actuar, pero sobre todo en sus afirmaciones.

 

El presidente encabezó un evento en Palacio Nacional para conmemorar a quienes han fallecido por el coronavirus. Fue un evento con la intención de congraciarse con los familiares de los más de 53 mil fallecidos a casusa del COVID-19 y que hasta ahora no habían recibido ningún gesto de solidaridad por parte del presidente o de su gobierno.

 

López Obrador repite con frecuencia que su gobierno ha actuado atinadamente para enfrentar la pandemia y disminuir sus efectos en el país. Sin embargo, México se ha colocado como el tercer país con más fallecidos a causa del COVID-19. De cualquier forma que se quiera presentar ese dato, es evidente que en México no se ha actuado atinadamente para lograr que los efectos del coronavirus afecten al menor número posible de ciudadanos.

 

Hasta ahora, la actitud pública de López Obrador y del principal funcionario federal abocado a la atención y la difusión del tema del coronavirus, Hugo López-Gatell, ha sido de enorme soberbia y pedantería. Los números a la baja de la popularidad del presidente ya han sido reconocidos en Palacio Nacional y ahora buscan contrarrestar esas actitudes.

 

Por ello el evento en Palacio Nacional, por ello también se verá a López Obrador usar el cubrebocas con mayor frecuencia, y por ello empezará a expresar solidaridad con las familias de quienes han fallecido por el coronavirus. Muy a su estilo, el gobierno de López Obrador evalúa, incluso, otorgar un apoyo económico a muchas de esas familias.

 

A la par, el presidente empieza a hablar de recuperación en el país. Presume que en el mes de julio empezó a crecer la ocupación, principalmente la informal, lo que festeja como si fuera un gran logro. La ridícula suma de cerca de 15 mil empleos formales generados, es presumida como el inicio del repunte económico del país. “La economía informal ya está también repuntando, porque ya hay más actividad en la calle, con protocolos de salud empiezan a abrirse establecimientos comerciales, negocios…”, afirmó en su mensaje sabatino.

 

Sin embargo, el presidente no cae en cuenta que la economía informal no representa ningún mérito para su gobierno y tampoco genera ningún beneficio social. En la economía informal, el beneficio directo es para quien la realiza, y el gobierno y la sociedad no obtienen ningún beneficio de ella.

 

Sus reportes los presenta con una sonrisa que busca mostrar tranquilidad frente a todo lo que ocurre. Mientras la sociedad lucha con la incertidumbre que le genera no saber qué ocurrirá con sus empleos, y con el miedo que genera salir a unas calles cada vez más inseguras y ahora más llenas de coronavirus, el presidente ríe.

 

Es como recrear la escena del Titanic hundiéndose y unos músicos tocando para tratar de hacer menos trágico el hundimiento. Nadie puede hoy compartir su sonrisa. Al menos nadie que entienda lo que en realidad está pasando.

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