Ya está todo listo para que a las sesiones presenciales del pleno en la cámara de diputados asistan solo 127 legisladores de los 500 y con ello, reducir al máximo las posibilidades de contagio por el Covid-19.
Así que para muchos representantes federales, continuarán las vacaciones ya que ahora solo pasaran lista de manera virtual y a distancia y luego, en caso de que tengan que levantar la mano, solo les bastará apretar un botón y listo.
Si de por si el rezago legislativo es de proporciones mayúsculas, se habla de que solo el 9 por ciento de las iniciativas presentadas en ambas cámaras, pasan a la discusión del pleno, pues ahora estará más complicado librar el tortuoso camino burocrático que representa el avance hacia su aprobación.
Aunque en una de esas, los 127 diputados federales que acudirán sistemáticamente a las sesiones, tendrán mayor productividad que los 500, ya que pal caso si van 500 o 100 es lo mismo.
Ante la parsimonia legislativa, existen propuestas como la del diputado Juan Francisco Espinoza Eguía (PRI), que planteó adelantar seis horas -de las 17:00 a las 11:00- la sesión de Congreso General que da apertura al periodo ordinario de sesiones el 1 de septiembre, a fin de que ese mismo día inicie, en cada recinto, Cámara de Diputados y Senado de la República, el debate de temas de interés nacional.
En la actual Legislatura, la Cámara de Diputados ha desarrollado 126 sesiones y se han presentado 3 mil 505 iniciativas de ley, pero sólo se han aprobado, desechado o retirado mil 223, es decir el 35% de lo inscrito.
Lo mismo sucede en el Senado, con 131 sesiones en lo que va de la Legislatura, se presentaron 2 mil 110 iniciativas, de las cuales únicamente se procesaron 192; se tuvo apenas el 9% de resolución.
Los parlamentarios están obligados a aumentar su rendimiento y deben aprovechar los tiempos al máximo para desahogar demandas, necesidades y aspiraciones de la ciudadanía, con el único objetivo de representar de manera eficiente y satisfactoria a sus electores.
Espinoza Equía destacó que las sesiones son insuficientes para llevar a cabo el desahogo total y puntual de los temas que convocan a los legisladores.
Durante los periodos ordinarios, el Congreso estudia, delibera y vota dictámenes, lleva a cabo funciones administrativas, jurisdiccionales y presupuestales, además de llamar a comparecer a funcionarios de la administración pública federal, para evaluar permanentemente las políticas públicas, “acciones que permiten articular el interés ciudadano y brindar legitimidad al gobierno en turno”.
Así que mientras son peras o manzanas, los legisladores que no asistan a San Lázaro podrán registrar su asistencia y votación a través de videoconferencia y se validará por mecanismos biométricos, es decir huella digital o iris.
La presencia de los legisladores en el pleno será de manera proporcional a su integración, por ello a Morena se le darán 63 lugares; PAN, 20; PRI, 12; PT,11; MC,7; PES, 6; PVEM; 4; PRD, 3 y habría una curul para los diputados sin partido.
Veremos que tal funciona esta medida, aunque en los temas torales que impliquen reformas constitucionales, se deberá tener el voto de la mayoría calificada para su aprobación, es decir tres cuartas partes del total de legisladores registrados en esa sesión y allí veremos si los legisladores no se prestan a chanchullos, como ya ocurrió en el pasado en la cámara alta.
Toda la parafernalia de las sesiones híbridas responde a las cuestiones de forma, pero de fondo es decir la agenda legislativa que corresponde al último periodo de sesiones de la LXIV Legislatura, por desgracia aún no se conoce y aunque todos los grupos parlamentarios, tienen la propia, lo cierto es que solo se avanzará en la agenda que le interesa al presidente López Obrador y los demás puntos de esas agendas, pues dormirán el sueño de los justos.
