En la víspera de las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América, hay mucha más claridad sobre los posibles escenarios en la ejecución de la Política Exterior Norteamericana y por supuesto, los beneficios y desventajas que enfrentará la relación México-EEUU con cualquiera de los candidatos que resulte ganador.
En primer lugar, la Política Exterior no tendrá virajes significativos si Joe Biden asume la presidencia, ya que EEUU se ha estado adaptando a su nueva realidad nacional y obedeciendo a la internacional. El predecesor de Donald Trump, Barack Obama, entendió este proceso en buen momento. Bajo su administración, optó por evitar intervenciones militares a gran escala e involucrarse de manera mínima, línea que Trump siguió al entender que le resultaba más costoso y poco rentable en comparación con lo que ocurrió en la era de Bush.
En el escenario en el que el demócrata Joe Biden resultase ganador, la Política Exterior seguirá obedeciendo las mismas dinámicas mundiales que Trump ha obedecido. Además, Biden heredaría un país sumergido en una crisis social, política y económica agravada por la llegada de la pandemia de COVID-19 al país, por lo que preferirá enfocarse en resolver dichas problemáticas domésticas, pero claro, sin dejar de lado lo que ocurre en el exterior.
Lo que se avecina para el escenario internacional con Biden a la cabeza de EEUU, es la presencia de un político formado con una inclinación a negociar y utilizar la diplomacia, más que enfrentarse con quien no concuerde con sus políticas. Buscará conciliar más que enfrentar, por lo que tratará de arreglar lo que Trump ha deshecho, como su salida del Acuerdo de París, ya que el demócrata apuesta más por políticas de energías renovables tanto al interior de su país como abogar por ello globalmente. Esto último será un tema importante para la relación con México bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, con quien coincidiría en su periodo de 4 años restantes. Asimismo, buscará fortalecer pilares como la educación y las políticas migratorias para reducir las desigualdades y las tensiones raciales. Eliminar el veto de viaje a países árabomusulmanes como Irán, Siria o Yemen.
Retomando el punto anterior, la relación de México con su vecino del Norte puede resultar de dos formas. Si Trump es reelegido, no habrá cambios significativos entre la relación del mandatario mexicano y el estadounidense. En caso de que Biden sea el ganador, se podrá esperar que continúe la histórica asimétrica relación entre las dos naciones, pero dentro de una atmósfera menos áspera y tajante. El punto delicado donde podremos ver desacuerdos o desacatos por parte de México, puede ser en el tema de inversiones y proyectos en conjunto en el sector de las energías renovables, las cuales el presidente AMLO ha desestimado para ir en dirección contraria. Aún así, Biden buscará negociar y establecer un ambiente más cordial y diplomático con México aunque no signifique un cambio de fondo en la relación bilateral.
Básicamente, lo que cambiará con Biden serán las formas, más no el fondo. Tratará de establecer un ambiente cordial y de distensión después del ambiente áspero y agitado que ha dejado Trump como legado, tanto internamente como externamente.En la víspera de las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América, hay mucha más claridad sobre los posibles escenarios en la ejecución de la Política Exterior Norteamericana y por supuesto, los beneficios y desventajas que enfrentará la relación México-EEUU con cualquiera de los candidatos que resulte ganador.
En primer lugar, la Política Exterior no tendrá virajes significativos si Joe Biden asume la presidencia, ya que EEUU se ha estado adaptando a su nueva realidad nacional y obedeciendo a la internacional. El predecesor de Donald Trump, Barack Obama, entendió este proceso en buen momento. Bajo su administración, optó por evitar intervenciones militares a gran escala e involucrarse de manera mínima, línea que Trump siguió al entender que le resultaba más costoso y poco rentable en comparación con lo que ocurrió en la era de Bush.
En el escenario en el que el demócrata Joe Biden resultase ganador, la Política Exterior seguirá obedeciendo las mismas dinámicas mundiales que Trump ha obedecido. Además, Biden heredaría un país sumergido en una crisis social, política y económica agravada por la llegada de la pandemia de COVID-19 al país, por lo que preferirá enfocarse en resolver dichas problemáticas domésticas, pero claro, sin dejar de lado lo que ocurre en el exterior.
Lo que se avecina para el escenario internacional con Biden a la cabeza de EEUU, es la presencia de un político formado con una inclinación a negociar y utilizar la diplomacia, más que enfrentarse con quien no concuerde con sus políticas. Buscará conciliar más que enfrentar, por lo que tratará de arreglar lo que Trump ha deshecho, como su salida del Acuerdo de París, ya que el demócrata apuesta más por políticas de energías renovables tanto al interior de su país como abogar por ello globalmente. Esto último será un tema importante para la relación con México bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, con quien coincidiría en su periodo de 4 años restantes. Asimismo, buscará fortalecer pilares como la educación y las políticas migratorias para reducir las desigualdades y las tensiones raciales. Eliminar el veto de viaje a países árabomusulmanes como Irán, Siria o Yemen.
Retomando el punto anterior, la relación de México con su vecino del Norte puede resultar de dos formas. Si Trump es reelegido, no habrá cambios significativos entre la relación del mandatario mexicano y el estadounidense. En caso de que Biden sea el ganador, se podrá esperar que continúe la histórica asimétrica relación entre las dos naciones, pero dentro de una atmósfera menos áspera y tajante. El punto delicado donde podremos ver desacuerdos o desacatos por parte de México, puede ser en el tema de inversiones y proyectos en conjunto en el sector de las energías renovables, las cuales el presidente AMLO ha desestimado para ir en dirección contraria. Aún así, Biden buscará negociar y establecer un ambiente más cordial y diplomático con México aunque no signifique un cambio de fondo en la relación bilateral.
Básicamente, lo que cambiará con Biden serán las formas, más no el fondo. Tratará de establecer un ambiente cordial y de distensión después del ambiente áspero y agitado que ha dejado Trump como legado, tanto internamente como externamente.
