La vida de Diego Armando Maradona fuera de las canchas no fue ni de cerca algo ejemplar. De hecho, él mismo declaró en varias ocasiones que nunca buscó ser ejemplo para nadie.
A diferencia de la otra gran figura mundial del futbol, Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, Maradona siempre retó a la autoridad y al establishment. Son conocidas sus relaciones con gobernantes de la izquierda populista, principalmente latinoamericanos, de quienes fue instrumento propagandístico.
También son conocidas sus acusaciones por pedofilia, violencia de género, uso y abuso de drogas, fiestas y escándalos.
Su debut como futbolista, a los 15 años (a diez días de cumplir los 16) en el estadio de la Paternal del club Argentinos Juniors, ante Talleres de Córdoba, presagió lo grande que sería en las canchas. El mediocampista Juan Domingo Cabrera, del club rival, fue la víctima de la primera gran jugada de Diego.
“Pelusa”, como le gustaba le llamaran, tenía dos sueños en el futbol: jugar un Mundial, y salir campeón con la selección de Argentina. A los dos sueños les puso palomita en el recuento de lo hecho en la vida.
Maradona debutó con la selección albiceleste en un Mundial en España 1982. “Pelusa” era ya un jugador conocido mundialmente, pero fue hasta ese momento cuando tuvo la oportunidad de estrenarse con la selección en un Mundial. En 1978, cuando Argentina salió campeón por primera vez derrotando 3-1 en la final a Holanda, Maradona no fue convocado por César Luis Menotti. La juventud le pasaba factura a Diego.
Ya con 22 años, Maradona fue uno de los líderes de la albiceleste en España. En ese Mundial, Diego marcó en dos ocasiones ante Hungría y empezaba a ser comparado con el rey Pelé. Tras una gran primera fase, en la siguiente ronda tuvo que verse las caras con Brasil e Italia. Curiosamente, esas dos naciones tuvieron en España a unos de sus mejores representativos en la historia del futbol, y a esos tuvo que enfrentarse Maradona. El sueño argentino de repetir el campeonato del mundo se vio apagado por una derrota ante la verdeamarela y ante un Claudio Gentile que fue el encargado de frenar, en todos los sentidos, la calidad de Diego Armando Maradona.
Lo mejor de Diego en el futbol estaba por llegar, pues en el Mundial de México 86, a los 26 años, “Pelusa” llegó al clímax de su carrera como futbolista y envolvió al mundo para adorarlo. El Dios del futbol era argentino.
Diego fue denunciado en diciembre de 2019 por el abogado de Santiago Lara, un joven de La Plata que sería expuesto como el sexto hijo de Maradona. La madre de Lara, Natalia Garat, falleció cuando el joven tenía solo 3 años, por lo que la denuncia por paternidad quedó inconclusa en ese tiempo. El año pasado fue reavivada, quedando pendientes los exámenes de ADN.
Lara nació de una relación cuando su madre era menor de edad, por lo que su abogado anunció la denuncia por pedofilia. Otro caso de pedofilia se habría dado en Cuba, luego de que en marzo del año pasado se filtraran fotos en las que el exjugador de Barcelona, Nápoles, Boca Juniors, Sevilla y Newell’s Old Boys se veía abrazado de dos supuestas menores de edad desnudas en una fiesta.
El abogado de Diego, Matías Morla, reveló poco después que las imágenes salieran a la luz pública que Maradona reconoció tres hijos que tuvo durante la estadía en Cuba.
Curiosamente, Maradona falleció el 25 de noviembre, fecha en la que se conmemoró el Día Internacional de la Violencia contra la Mujer. Diego tenía varias denuncias de violencia de género.
En 2014, su expareja Rocío Oliva informó que Diego la golpeaba. Incluso, en redes sociales circula un video en el que se puede ver la manera en que Maradona la golpeaba. “Pelusa” se refirió a los hechos asegurando: “no soy un pegador, pero era para arrancarle la cabeza a Rocío Oliva”.
Posteriormente, en 2019, otra expareja del argentino, Claudia Villafañe, denunció violencia psicológica. Elba Marcovecchio, su abogada, señaló que “siempre recibió violencia psicológica”.
El gran amor de Diego fue su hija, Dalma Maradona, quien lo recluyó en una clínica en la que se rehabilitó del consumo de drogas. Diego siempre exigió que el crédito de haberle salvado la vida alejándolo de las drogas se le diera a Dalma.
El mundo del futbol está de luto. No puede dejar de llorarse a uno de los más grandes de la historia, a pesar de que su vida fuera de las canchas dejó una estela de denuncias en su contra. Diego fue imperfecto: un Dios en las canchas y un demonio fuera de ellas. La historia juzgará su paso por la vida.
