¿Hasta cuándo el mundo dejará de ignorar lo que está pasando en Palestina? Esta es una de las mayores incógnitas del Siglo XXI. Parece ser que el mundo entero no sólo ignora lo que ahí ocurre, sino que lo tolera y normaliza.
Evidentemente, la victoria de Joe Biden implica un giro en las alianzas y metas planteadas en la Política Exterior de los Estados Unidos dirigidas al Medio Oriente. A pesar de que en la práctica dicha política se mantendrá casi inamovible, no lo será así para quienes resultaron beneficiados con la era Trumpista.
El fin de semana se anunció la visita de Mike Pompeo, el aún Secretario de Estado de los Estados Unidos, junto con el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, a la ciudad saudí de Neom durante la semana entrante. Las intenciones son sacar adelante y a paso apremiado lo que se pueda de las metas planteadas en la región antes de que Biden ocupe la Casa Blanca. Una de esas metas es lograr que el Reino Saudí y Qatar se reconcilien después de 3 años de tensiones y de una relación rota. Pero aún hay más.
Se había rumorado la posibilidad de que Arabia Saudita fuera el siguiente país del Golfo en oficializar sus relaciones con Israel, así como sus vecinos lo han hecho, y por eso la visita de Kushner. No sería un evento menor ya que el Reino de los Al Saud tiene un peso político y socio-religioso demasiado relevante en el Medio Oriente. De afirmarse que normaliza su relación con el país de mayoría judía, implicaría un entorpecimiento brutal de la posible solución de un sistema de segregación racial que se vive en Palestina.
Lo anterior le implicaría férreas críticas y una posible conmoción doméstica en el Reino pues recordemos que es el país islámico sunita más conservador de la región arabe, la cuna del islam, y pretende continuar como un referente religioso aun y cuando quiere llevar a cabo un proyecto más liberal. Que el país con esa carga simbólica le dé la espalda (oficialmente) a la causa palestina, agudizaría la problemática e inclinaría la balanza pro-israelí y, consecuentemente, muchos otros países del Golfo y del mundo árabe-musulmán seguirían el ejemplo.
Además, es posible que para Joe Biden no sea prioridad ya que él mismo aboga por una solución que incluya a los Palestinos y la formación de los dos Estados. Por eso la premura en avanzar sobre las charlas diplomáticas para así poder caminar hacia el gran objetivo de cerrar filas con Israel.
La buena noticia es que Arabia Saudita ha negado cualquier tipo de acercamiento encaminado a normalizar sus relaciones con Israel. Ahora, lo que irónicamente une al príncipe heredero Mohammed Bin Salman (MBS) con el Primer Ministro Israelí, Benjamin Netanyahu, es su consternación compartida sobre lo que Biden pretende iniciar que es incluir a los Estados Unidos de nuevo en el Pacto Nuclear Internacional con Irán, lo que complicará las cosas en torno a su enemigo común, Irán, al tener inmiscuidos a Washington y a la CIA en la situación como lo fue durante la era de Obama, tensando las relaciones con sus aliados en la región y dificultando la concentración del poder en MBS.
Lo que se termina junto con la presidencia de Donald Trump es un ambiente de tolerancia hacia el odio y la oportunidad que sus allegados en el Medio Oriente habían tenido para actuar arbitrariamente, como Netanyahu, quien se apresura a avanzar con los asentamientos ilegales antes de que venga un paro total con la llegada de Biden. El príncipe heredero de Arabia Saudita se ve nervioso pues sabe que tendrá a la CIA pisándole los talones, cosa que con Trump había podido evitar, creando un compadrazgo benéfico para ambos. Las piezas en el tablero regional del Medio Oriente se están moviendo y aún falta ver quiénes son realmente los perdedores después de la elección del 3 de noviembre del año en curso, además de los palestinos.
