La historia de amor y desamor (o desamor y amor) entre Andrés Manuel López Obrador y Alfonso Romo sumó un nuevo capítulo al cumplirse los primeros dos años del actual gobierno. Con la renuncia del empresario neoleonés se abren más y muchas dudas sobre por qué el presidente López Obrador protege hoy tanto a Romo después de haberlo acusado de graves actos de corrupción.
Desde mediados de la década de los noventas, López Obrador carga el tema de lo que pasó en la Aseguradora Asemex. El hoy presidente afirma, y así lo publicó en el libro “Fobaproa, expediente abierto”, que Alfonso Romo fue beneficiario del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), un mecanismo de rescate al sector financiero que evitó la quiebra de diversas grandes empresas con cargo al erario.
López obrador asume el Fobaproa como un agravio al país. De hecho, parte importante de su actual negativa de que el gobierno destine recursos para apoyar a micro, pequeñas y medianas empresas ante la crisis económica provocada por el COVID responde a que, desde su punto de vista, ello equivaldría a hacer lo mismo que se hizo con el Fobaproa.
Fiel a su costumbre, López Obrador se creó una imagen a partir de lo que le platicaron. Chismes, pues: “En otra ocasión, un pequeño empresario de Monterrey nos platicó de la residencia con campo de golf de nueve hoyos de Alfonso Romo, quien compró Aseguradora Asemex en 120 millones de dólares, una vez que el gobierno la había limpiado y aceptado pérdidas por 510 millones de dólares, aproximadamente. Aquí cabe señalar que Asemex había sido privatizada por Carlos Salinas de Gortari y vendida a Ángel Isidoro Rodríguez, El Divino, quien fue acusado judicialmente por el quebranto de dicha aseguradora, sin que se le haya encontrado culpable y mucho menos exigido la reparación del daño patrimonial. Y un pequeño detalle: Pedro Aspe, exsecretario de Hacienda, trabaja en la actualidad como asesor de Alfonso Romo”.
Esto viene en el libro de López Obrador que se publicó en 1999. López Obrador acusó a Romo, no sólo en el libro sino en cuanta entrevista otorgaba, de corrupto, de pertenecer a la “mafia del poder”, y de haber obtenido parte de su fortuna de manera poco transparente.
Tanto López Obrador como Romo cuentan que se conocieron en 2011, en el departamento del hoy presidente. La versión que ambos divulgan señala que Romo fue invitado por Dante Delgado a una comida en el departamento de López Obrador. ¿Por qué Romo iría a la casa de quien tanto lo había señalado, y por qué López Obrador aceptaría la presencia en su departamento de quien él consideraba corrupto y parte de la “mafia del poder”?
De pronto, Romo dejó de ser corrupto y pasó a jugar en el equipo de los “buenos”. López Obrador pasó de ser el principal detractor de Romo, a considerarlo muy cercano. Desde su campaña presidencial de 2018, López Obrador inició también su defensa de la honra de Romo.
“Habló duro de él en los libros”, le cuestionó Carlos Loret de Mola en una entrevista. “Sí, claro. Los hombres tenemos altas y bajas, nos comportamos de una manera durante un tiempo, de otra manera después. Por eso el juicio final hacia un ciudadano, dirigente o político es hasta que uno se muere”, justificó López Obrador, quien además aseguró que el empresario regiomontano es una persona ejemplar con dimensión social.
¿Cómo pasa alguien, cualquiera que sea su nombre, de ser corrupto y miembro de la “mafia del poder” a ser una persona ejemplar con dimensión social? Incluso, cuando en los primeros meses de este año una empresa de Alfonso Romo fue señalada de servirse del acuífero con la reserva más importante del país, cuya disponibilidad media anual ha bajado 43%, y de ser investigada por destruir sin autorización un cenote (lo que se habría saldado con una multa y sin que se remitiera el expediente para una averiguación penal, López Obrador puso el pecho y aseguró que eran acusaciones de los conservadores y adversarios de su gobierno que buscaban afectar la imagen de Romo.
Alfonso Romo asegura que seguirá apoyando a López Obrador. Es evidente que, fuera del gobierno, Romo estaría mucho más limitado. Algunos opinan que Romo frenó muchas ocurrencias de López Obrador y contuvo a los radicales del gabinete. Otros opinan que Romo acordaba algunas cosas con los empresarios que después no eran apoyadas por López Obrador, por lo que consideran que el neoleonés no realizó un buen papel como interlocutor entre el gobierno federal y el sector empresarial del país.
Las versiones públicas buscan mostrar una historia de amor entre Romo y López Obrador que dista mucho de ser real. En las próximas semanas se conocerán detalles de esta relación que no se han hecho públicas y que desnudarían los intereses mutuos que los llevaron a unirse.
