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Se tenía que decir… ¿Qué dijo? Por: Santiago Cárdenas. Destacado

11 Dic 2020
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Resiliencia, empatía y holístico. Estas tres palabras le provocaron roña al presidente Andrés Manuel López Obrador. Las considera palabras “de moda” de los periodos neoliberal y posneoliberal.

 

Las escuchó y le llamaron la atención en la reunión virtual con los Jefes de Estado del G20 en la que participó en días recientes. No las entiende, no las conoce, no sabe su significado. Es probable que ni siquiera haya entendido los discursos de sus pares del G20.

 

López Obrador no tiene empacho en mostrar cada día su enorme ignorancia. El presidente no sabía, por ejemplo, que en el gobierno federal hay una instancia dedicada a la prevención de la discriminación.

 

Acostumbrado a la verticalidad del gobierno, en el que todas las decisiones importantes recaen en una sola persona, López Obrador asegura que instancias como el CONAPRED, el INAI o los órganos autónomos reguladores en áreas como la energética no son necesarias. En su perpetua ignorancia, asume que esas instancias fueron creadas solamente para generar burocracia.

 

Tan es así, que el gobierno de López Obrador simplemente ignora las solicitudes de información pública que le llegan. Durante el primer año del gobierno obradorista aumentaron las declaraciones de inexistencia de información en las respuestas a las solicitudes de transparencia. En paralelo, el porcentaje de cumplimientos cayó. De diciembre de 2018 a noviembre de 2019 se reportaron 14 mil 801 “inexistencias”, mientras en el primer año de la Presidencia de Felipe Calderón fueron 3 mil 850, y en el primero de la administración de Enrique Peña Nieto fueron 5 mil 659. Un cambio sustantivo.

 

El presidente se mofa del uso de las palabras empatía, resiliencia y holístico. Para él, el lenguaje de un político, y más si es una autoridad, debe ser totalmente entendible por el pueblo. López Obrador ha determinado que el pueblo tiene un pobre lenguaje y poca capacidad de entendimiento. Es decir, el pueblo es incapaz de entender lo que significa la resiliencia, la empatía o lo holístico.

 

Como cualquier ser humano que escucha por primera vez una palabra, es posible que no entienda a cabalidad el concepto. Sin embargo, la capacidad de entendimiento de una palabra también se relaciona con el uso frecuente de ella.

 

La ignorancia del presidente lo hace creer que estas tres son palabras “de moda”, cuando en realidad existen de siempre.

 

El poeta y ensayista Javier Sicilia hizo referencia al pobre lenguaje del presidente. En el marco de la 17ª edición del Encuentro Literario “Lunas de Octubre”, organizado por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, Sicilia dijo que “el español que usa nuestro presidente en sus conferencias de la mañana es muy pobre, muy anacrónico, lleno de contradicciones, descalificaciones, de mentiras, de redundancias, de clichés moralinos. Se parece mucho a lo que emplea un vendedor de detergente que limpia ropas, y que dice que es lo mejor”.

 

Según la Real Academia de la Lengua Española, el idioma español está compuesto de 88 mil palabras. El universo lingüístico de Miguel de Cervantes Saavedra era de 23 mil palabras. Con ellas construyó “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha”, la mayor obra literaria en nuestra lengua. Después de esa obra, ningún autor en español ha utilizado un lenguaje o un universo lingüístico cercano al de Cervantes. El universo léxico del mexicano promedio es de 500 a 250 palabras.

 

De ese tamaño es el lenguaje de un presidente que asegura estar elaborando un diccionario de términos usados en el neoliberalismo.

 

De acuerdo con López Obrador, “el habla popular es la mejor manera de que la gente tenga información”. Según él, Cervantes usó en “El Quijote” (sic) “un lenguaje accesible, el lenguaje del pueblo, un buen castellano”.

 

Tengo la impresión de que López Obrador no ha leído la principal obra de Cervantes. El lenguaje usado en “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha” es todo, menos accesible o “del pueblo”.

 

López Obrador debería tratar de que ese pueblo al que él dice deberse tuviera espíritu de superación en todos los sentidos. Ciertamente, no sólo en los económico sino también en la parte intelectual. A nadie le sobra la cultura, esa que su gobierno desprecia, y fomentarla es parte de un proceso educativo que lleva a las sociedades a mejores niveles de bienestar.

 

Si López Obrador no entiende palabras como resiliencia, holístico o empatía, no me quiero imaginar su cara de what cuando el secretario de Hacienda le habla de PIB, deflación, estanflación, solvencia, mercados primarios, depresión económica, banca electrónica, y otros.

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