Con un mensaje en Twitter, el doctor Hugo López-Gatell informó, el 20 de febrero, que la prueba de antígenos que le practicaron resultó positiva a COVID-19, y que a partir de ese día estaría pendiente de la estrategia de vacunación en el país desde casa.
El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud había sido duramente criticado semanas antes por haber viajado a Oaxaca de vacaciones en un momento en que los contagios y muertes por el coronavirus habían alcanzado sus picos más altos. Además, pocos días antes el presidente Andrés Manuel López Obrador recién se había recuperado del coronavirus que lo alejó de sus actividades públicas durante dos semanas.
López Obrador y López-Gatell son los dos funcionarios federales que más polémica han levantado por el manejo de la pandemia en el país. Ambos han rechazado públicamente la utilidad del uso de cubrebocas en la prevención de contagios, y los dos son las principales cabezas en las acciones que se llevan a cabo para combatir al virus en México.
El tratamiento que siguió el presidente durante su convalecencia es todavía hoy un misterio. La información se dio a cuentagotas y desde la Presidencia se informó pobremente sobre el tratamiento y cómo enfrentó el presidente sus días de aislamiento.
A partir del anuncio del contagio de López-Gatell, el gobierno federal también optó por la opacidad.
Con cálculos meramente políticos, los funcionarios de la Secretaría de Salud que encabezaron las conferencias de prensa vespertinas en las que se dan a conocer los números oficiales actualizados sobre el avance de la pandemia en México optaron por ocultar la verdad sobre la evolución de la convalecencia de López-Gatell. Una primera información fue que López-Gatell había tenido un descenso en su saturación y por ello había necesitado oxígeno suplementario. Sin embargo, al día siguiente la información fue que López-Gatell tenía una saturación de 97% sin necesidad de oxígeno suplementario que estaba sobrellevando la enfermedad “casi asintomático”.
Mientras José Luis Alomía Zegarra, director general de Epidemiología, y Ricardo Cortés Alcalá, director general de Promoción de la Salud, mantenían en secreto la hospitalización de su jefe el subsecretario, la imagen que se trataba de posicionar en la opinión pública era de que el estado de salud de López-Gatell era muy bueno.
Una nota publicada en el periódico La Jornada destapó la realidad: Hugo López-Gatell permanecía hospitalizado en el Centro Banamex “de manera preventiva”. Con ella, también se destapó la mentira que había sido la convalecencia del subsecretario.
Pero eso no fue todo. Una vez publicada la nota de La Jornada, la vocera de la Secretaría de Salud, Judith Coronel Morales, negó que el doctor López-Gatell estuviera hospitalizado. Se lo negó a varios medios de comunicación que le consultaron sobre la veracidad de la nota firmada por Ángeles Cruz en La Jornada y esta falsa afirmación fue retomada por Jenaro Villamil, uno de los funcionarios federales más activos en Twitter, quien acusó como “infodemia” la nota publicada. El autodesignado vigilante de la información veraz contribuyó con su propia noticia falsa.
¿Por qué mintieron varios funcionarios de la Secretaría de Salud y del gobierno federal sobre la convalecencia del doctor López-Gatell? Hasta el momento, ni la Secretaría de Salud ni el gobierno federal han explicado por qué los funcionarios mintieron. Ninguno de ellos puede decir que no sabían que el subsecretario estaba hospitalizado porque, invariablemente, cuando daban a conocer su supuesto estado de salud aseguraban haber hablado con él durante el día.
El gobierno federal ha mentido de manera consistente durante toda la pandemia. Han mentido y han sido opacos. Esa ha sido la constante.
Con ello, las palabras, las acciones y los números que el gobierno federal presenta todas las tardes pierden credibilidad. ¿Quién cree ahora en el doctor Alomía, o el doctor Cortés? Nadie. La credibilidad de López-Gatell ya estaba por los suelos. Este episodio sólo vino a confirmar que, en el gobierno federal, la mentira como acción de gobierno es una constante.
No mentir, no robar y no traicionar al pueblo… ¿o cómo era?
