El partido político más longevo entre los que actualmente conforman el espectro político del país cumplió 92 años este 4 de marzo, y su estado de salud no augura que dure muchos años más.
Para garantizar su subsistencia como partido político nacional al menos por los próximos tres años, el PRI tuvo que aliarse a viejos adversarios: el PAN y el PRD. De la mano, aliados, estos tres partidos buscan arrebatarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados en las elecciones del próximo 6 de junio, y evitar que arrase en los comicios estatales donde se renovarán gubernaturas.
En algunos estados, como Guerrero, a pesar de que el propio Morena se hace pedazos a sí mismo, ni el PRI, ni el PAN ni el PRD han sido capaces de conformar una oposición fuerte ni de presentar a un candidato fuerte que dé pelea.
Sin aliarse con el PAN y el PRD, el PRI estaba en verdadero riesgo de perder su registro como partido político nacional. De acuerdo con el Artículo 41 de la Constitución, el partido político nacional que no obtenga al menos 3% del total de la votación válida -es decir, sin contar los votos nulos y por candidatos no registrados- en las elecciones para la renovación del Poder Ejecutivo o las Cámaras del Congreso de la Unión, se les cancelará el registro.
El más reciente abanderado priísta a la Presidencia de la República, José Antonio Meade, obtuvo sólo 16.4% de los votos emitidos en la elección federal de 2018, la cifra más baja entre todos los candidatos presidenciales que ha tenido el PRI. Con ese antecedente, y el desprestigio que arrastra, la elección de 2021 hubiera podido ser la tumba del priísmo nacional si el PRI no se hubiera aliado al PAN y el PRD. A ese desprestigio, en la época actual han contribuido los exgobernadores que están o estuvieron detenidos o en prisión acusados por distintos delitos: Mario Villanueva, Javier Duarte, Roberto Borge, Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, Andrés Granier y Mario Marín.
Desde su creación, en 1929, del PRI han emanado 13 presidentes de la República, y uno más, Andrés Manuel López Obrador, militó en el priísmo, al que renunció después de las elecciones presidenciales de 1988.
El PRI y sus antecesores, el Partido Nacional Revolucionario y el Partido de la Revolución Mexicana, gobernaron México de manera ininterrumpida durante 70 años y nueve meses, desde el primer candidato que compitió y ganó bajo las siglas del PNR en 1930, Pascual Ortiz Rubio, hasta su primera derrota en el año 2000.
Actualmente, el PRI gobierna en 12 estados del país. En cinco entidades nunca se ha conocido un gobierno estatal emanado de un partido político diferente al PRI: Campeche, Coahuila, Colima, Estado de México e Hidalgo. Además, según datos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), hasta julio de 2013 eran 132 los municipios que nunca habían tenido un alcalde no priísta. Puebla y Tamaulipas son los estados con más municipios que nunca han tenido un alcalde de un partido distinto al PRI, con 22 y 18 municipios, respectivamente.
Hoy el PRI pasa uno de sus peores momentos. Tiene sólo 47 de los 500 diputados federales, y en el Senado de la República solamente 11 de los 128 integrantes son del PRI, la bancada con menos integrantes en su historia. Además, el momento actual supera a la crisis que el PRI enfrentó de 2001 a 2005, cuando sólo gobernaba 17 entidades.
Bajo la dirigencia de Alejandro Moreno Cárdenas, a quien no se le reconoce ningún logro político o electoral, el PRI enfrentará la elección del próximo 6 de junio en condiciones favorables, pero la lección que debe aprender es que nunca más podrá asistir a unos comicios sin ir en alianza con algún otro partido “grande”. El PRI, por sí solo, es incapaz de obtener buenos resultados.
El PRI que se conoció tiempo atrás, aquel que llamaban el “partidazo”, ya no existe. Hoy el PRI vive de su pasado y tiene un débil, ridículo y patético presente. Del futuro, mejor ni hablar.
