“… Pero hay menos dudas aun de que cada vez que el Populista llega al poder para hacer más iguales “a todos”, lo que hace es concentrar el poder en sus manos incrementado la desigualdad y condenando a la población a mayor miseria material (…) Para entender el fenómeno populista, especialmente en su variante totalitaria, es fundamental saber que este se sirve de todo un lenguaje y un aparataje intelectual, creado especialmente para destruir la libertad y justificar las aspiraciones de líder. Ya vimos que el término “neoliberalismo” es uno de ellos y que al final se utiliza para expandir el tamaño del Estado y arruinar las economías de nuestros países…”
Axel Kaiser /Gloria Álvarez: En “El Engaño Populista”
El nuevo federalismo fiscal y la distribución y reparto de los dineros de origen público por la naturaleza de las cosas, es el tema más político que existe y la política como oficio es el instrumento para abordar tan complejo y dinámico tema. Este requiere la revolución conceptual, no la “trasformación” cosmética que solo abre la caja de pandora mexicana, de la cual escaparon los demonios, desgracias y males que nos afectan y que se están extendiendo y agravando cada día: la pandemia, la corrupción desde el poder, el crecimiento de la pobreza, el sufrimiento, el desempleo, el crimen y su tolerancia, y la ira que este gobierno no puede controlar ni administrar, pero que aún todavía como en el mito aludido existe la esperanza de evitar que se pongan las bases de una “transformación perversa” que usa el odio y la corrupción moral y la lucha de clases, como motor de vida a imagen y semejanza del “príncipe” que ocupa el palacio nacional .
Por ello hoy se exige la Nueva Ley del Federalismo Fiscal, que no de “coordinación” discrecional; implica la reestructuración del pacto federal y de crear las bases del nuevo pacto federal, no su disolución y si su revisión. Por ello la voz del Secretario de hacienda está rebasada por la realidad política.
La conducción de este proceso esta desfondado tal y como lo propone el responsable de las finanzas públicas mexicanas. Se requiere, rectificar el rumbo y solo se puede hacer establecido el método del acuerdo y del debate incluyente, se tiene que abrir en un proceso amplio y profundo para, construir el contenido del pacto fiscal federal del siglo XXI que funde las bases del desarrollo para todo este siglo, lo demás es demagogia e improvisación de políticos y políticas ignorantes.
Al respecto es necesario destacar que la actual Ley de Coordinación Fiscal, tiene su origen en el contexto sociopolítico del populismo, de lo que se denominó, el régimen de la revolución mexicana y cuyo exponente principal fue el presidente López Portillo, que en ese momento histórico implicaba definir la política económica desde arriba desde el presidente, pero ese referente político hoy está rebasado. Fue ese Ejecutivo, quien en más de una ocasión justificó el presidencialismo autoritario, heredado de la revolución mexicana, en una nación con pobreza y desigualdad inacabadas para “combatirlas” y que transmitía el poder cada seis años, esperando los nuevos criterios de distribución y de generación de recursos fiscales desde la presidencia. Por cierto, ese gobierno tuvo el mérito de iniciar la reforma política que sentó las bases de la fatigosa democracia representativa y de la transición del sistema político mexicano. Reconoció entre otras cosas a fuerzas y minorías políticas proscritas e incorporó la famosa Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales -LFOPPE de 1977-, al sistema político. Realizo y ejerció la tesis, de cambiar para existir. Con ello le aportó a la nación una nueva institución. Las bases de la democracia electoral y un incipiente sistema de libertades, claro acotadas por el residente de palacio nacional.
Pero eso ocurrió hace cuarenta años y hoy México tránsito y transita hacia un nuevo sistema de libertades y democracia que se ve amenazado por la imposición de una “transformación” que pretende destruir las instituciones heredadas de la revolución mexicana y de la transición a la democracia, mismas que gradualmente han tenido su reforma institucional. La “transformación” pretende imponer un régimen político o entiéndase un sistema político carente de libertades y derechos civiles, con corrupción administrada y corrupción dirigida a instituciones como el ejército y la armada cuyas instituciones son anti natura como contratistas de obra pública. Por ello la reforma democrática, implica señalar ahora a las cosas por su nombre.
La supuesta reforma fiscal exige la discusión, plural, incluyente, socialmente responsable y democrática que determine los contenidos existentes y necesidades y la nueva agenda de principios del siglo XXI, como el cambio climático, la sustentabilidad y sostenibilidad, las energías limpias y su régimen de transición, la economía del conocimiento, las bases de la globalización incluyente, la protección a la propiedad, la garantía presupuestal a los derechos sociales y su permanencia, esto es los asuntos nacionales de base. Entre otros, los fondos económicos federales para la atención de; la cultura, la salud pública, el cáncer infantil de adolescentes y de adultos, El Covid 19, etc.
En el debate de la nueva Ley del Federalismo Fiscal, está claro, se debe romper con el esquema populista de la dadiva y el otorgamiento de recursos fiscales, sin esfuerzo y sin sentido a entidades, se deben romper mitos y fantasías. La simulación política y la administración de la pobreza deben señalarse y superarse. Hoy se exige la necesidad de la detonación socio-económica de regiones completas del país. De comprender que la pobreza solo se va abatir con educación, desarrollo social y económico, para evitar y desterrar la perversa permanencia en las instituciones de otorgamiento de programas sociales, que no resuelven estructuralmente la condición y generación de pobreza. Estos deben permanecer para proteger a grupos y personas socialmente vulnerables, eso no está a discusión, pero los programas sociales, no son el fin de la política contra la pobreza, son un medio más.
Se necesita pensar y reconocer que el país es diverso y que una sola voz nos ahoga y nos suprime. Se tiene que establecer la ruta y metodología democrática de la discusión que no se puede realizar en un solo año. Que se redistribuya a las entidades federativas, que aportan más recursos fiscales a la federación y que actualmente no se reintegra en proporción a su aportación y que en reciprocidad se les retorne en porcentaje de lo que han aportado -como se señaló arriba, esto es lo más político-. No se puede seguir viviendo, en un injusto e impune robo económico, destruyendo la posibilidad del futuro de generaciones y retrasando el desarrollo social de la población. Se tiene que reconocer la crisis estructural del modelo populista de la actual Ley de Coordinación Fiscal y modificarla. La crisis del modelo está a la vista.
No se puede otorgar un cheque en blanco al actual gobierno y sus representantes, no es a través de una convención hacendaria, no es a través de reuniones con los Secretarios de fianzas de los estados donde se va a resolver la reforma fiscal; Es a través de abrir el debate nacional con conocedores del tema y de protagonistas de este y de otras voces y pensamientos. Es abrir el Congreso. Este tema de todos. No es la ruta autoritaria de la imposición, la que va otorgar la solución, aun cuando se añore que el presidencialismo imperial.
El debate implica incluir la cláusula de la eficacia y desarrollo de entidad federativa por aportación de recursos a la federación, quien aporta más recibe más. Establecer la cláusula de desarrollo y distribución regional para aquellas entidades que no se han desarrollado en los últimos dos decenios a pesar de haber contado con aportaciones acumuladas de miles de millones de pesos y que no han superado los niveles de pobreza de miles de sus habitantes, para vergüenza de todos. Se exige la recuperación y restauración de nuevos fondos, para el desarrollo de la federación, la agenda es amplia.
Como nos damos cuenta esta discusión no solo es un debate dirigido por tecnócratas disfrazados de transformadores, sino debe ser una discusión de revolucionarios, de reformistas convencidos, de políticos y políticas con información del tema comprometidos con el país y no demagogos de oportunidad. Aún es posible aspirar a un mejor país, que supere la visión de una sola y lineal voz. NO, el mundo es diversidad y la naturaleza humana también, no reconocer esto es corrupción. El nuevo federalismo nacional debe pasar por nuevo federalismo fiscal donde quepan todos con nuevas reglas y normas y no la simulación de lo existente. La trampa maliciosa esta tendida, a ver quién cae.
Pregunta y respuesta final: ¿Por qué no se ha convocado a una cumbre internacional para atender, mitigar, y reducir globalmente al virus del Covid 19? Por la pobreza mental y bajeza moral e intelectual de los políticos que gobiernan y mucho más con los populistas, al creer que viven en aldeas separadas y lejanas.
