Desde bastante tiempo atrás, el presidente Andrés Manuel López Obrador inició maniobras para figurar en las boletas electorales del próximo 6 de junio. Su interés estaba en empatar la elección intermedia con la consulta sobre la revocación del mandato presidencial, lo que le permitiría hacer una campaña que beneficiaría a su partido, Morena, y sus candidatos a los distintos cargos de elección popular que estarán en disputa el primer domingo de junio.
A pesar de que la consulta sobre la revocación de mandato se difirió, López Obrador insistió en su propósito y está logrando estar presente e influyendo en la elección, aún sin estar en la boleta.
Para nadie pasó inadvertido que el presidente declarara abiertamente que sí metió las manos en la elección del estado de Nuevo León, aunque trató de justificar su intervención al decir que lo hizo como “ciudadano”. Tampoco pasó inadvertido su total respaldo a Félix Salgado Macedonio, que influyó para que Morena le diera dos veces la candidatura al gobierno de Guerrero, hasta que el Tribunal Electoral lo bajó.
El presidente también ha buscado influir desatando a su jauría para atacar a actores políticos adversarios, como el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, mediante una oscura, sucia y dudosa acción para quitarle el fuero al mandatario estatal. Desde el gobierno levantan las manos a la altura del pecho y dicen que el intento de desafuero al gobernador panista de Tamaulipas viene de la independiente y autónoma Fiscalía General de la República, que de manera pronta y expedita atiende las quejas del presidente.
López Obrador intenta por todos los medios influir en la elección, y se empeña en desacreditar un día sí y el otro también al INE y a quienes lo integran. Considera que el Instituto Electoral no es confiable, lo ha acusado de no garantizar una elección libre, y ha dedicado el espacio de sus conferencias mañaneras, por días seguidos, para decir que Lorenzo Córdova y Ciro Murayama actúan por consigna.
El presidente está, pero no está. Está metidísimo en la elección, sin estar en la boleta. No falta le hace, pues desde Palacio Nacional se ha organizado la campaña del partido en el poder y sus candidatos, quienes cada vez más recurren a meter en sus campañas a López Obrador. “Estamos al cien, con ya saben quién”, dice Mario Delgado en un spot de Morena. La imagen del presidente es muy recurrida por los candidatos. Saben que el mandatario aún jala votos, y colgarse de él no parece ser mala idea.
Lo malo es que el presidente se ha metido tanto en la elección que es claro que ha violado la ley electoral. Difícilmente será sancionado o la elección anulada, como dejó ver la posibilidad el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, lo que hace más probable que el mandatario se meta cada vez más en la elección a que se modere y decida apegarse a lo que señala la legislación electoral vigente y la Constitución.
De nada sirvió que el propio López Obrador promoviera a inicios de su mandato el considerar los delitos electorales como graves. El presidente no será sancionado por su descarada intromisión en la elección. Son otros quienes deben cuidarse, no el presidente, por incurrir en acciones que sean calificadas como delitos electorales.
El presidente se ha metido de lleno a la elección, sin necesidad de estar en la boleta. El resultado que se obtenga en la elección intermedia gane o pierda su partido, será suyo.
