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Se tenía que decir… El fenómeno social de la vacuna. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

27 May 2021
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Tres meses y medio después de haber iniciado el llamado Plan Nacional de Vacunación, muchos de los errores de organización han sido corregidos. Al menos en la sede del Pepsi Center, en la colonia Nápoles, poco menos de una hora es suficiente para llegar, hacer el trámite, recibir la vacuna contra el SARS-CoV-2, reposar en espera de posibles reacciones y salir.

 

El ánimo de la gente que llega a vacunarse es bueno, y la gente que los recibe, en su gran mayoría, cumple con su trabajo y su encomienda de buen agrado. Ahí hay enfermeras, médicos, pasantes de medicina, servidores públicos del Gobierno de la Ciudad de México, personal de la Marina y los llamados servidores de la Nación. De estos últimos no se entiende con claridad cuál es su papel en el proceso de vacunación.

 

A quien acude a vacunarse ya no le toman fotografías, ya no le condicionan la vacuna tras tomar los datos de su credencial de elector. Ahora, en realidad, hay buen trato para quien se descubre el brazo para recibir la inyección.

 

Los vacunados tienen buen ánimo. La vacuna es una esperanza para dejar atrás el encierro y la pesadilla que ha representado el coronavirus en todo el mundo. Tan sólo en México, más de 252 mil personas, según datos oficiales, han perdido la vida por la COVID-19 y más de 12 millones perdieron sus empleos por la pandemia.

 

La vacuna es también un fenómeno social. Las familias hablan de ella como la luz al final del túnel que ha causado tanto dolor en el país. Más allá de que las autoridades han tenido un pésimo desempeño en el manejo de la pandemia en el país, hoy la vacuna es el punto de inflexión. Hay un antes y un después de la inoculación.

 

Quien ya se ha vacunado se siente más seguro, más confiado, más fuerte para enfrentar la COVID-19. Para ellos, salir a la calle, aunque sea con cubrebocas, empieza a ser una realidad más frecuente.

 

En las sedes de vacunación coinciden quienes apoyan al actual gobierno y quienes lo repudian. También coinciden personas de distintos niveles socioeconómicos. Lo único que iguala a todos es la alcaldía en la que viven, y el ánimo con el que acuden. Nadie va de mala gana, todos van de buenas.

 

En poco menos de una hora, personal del Gobierno de la Ciudad de México te recibe a las puertas de la sede de vacunación, verifica los papeles que llevas para identificarte y comprobar que vives en la alcaldía correspondiente. Al ingresar a la sede, más personal del gobierno capitalino toma tus datos y asienta en la cédula de vacunación la marca de la vacuna que corresponde y el lote de la misma. Después, te hacen pasar a la zona de vacunación, en donde personal médico de la Secretaría de Salud te muestra el frasco que contiene la vacuna, cerrado completo, para evitar suspicacias. Además, te informa sobre las posibles reacciones que puedes presentar: dolor de cabeza, mareos, dolor en el brazo donde fuiste vacunado, y algunos otros más.

 

En el momento de la inyección, la mayoría se toma una selfie para conservar un recuerdo del momento de la inoculación. Es ¡el momento!

 

El fenómeno social avanza. Ya se atiende a los adultos de 50 a 59 años, y pronto se cubrirá a los de la siguiente década.

 

Con la vacuna en el brazo, muchos mexicanos festejan, presumen el momento en sus redes sociales, anuncian que ya han sido inmunizados. Ese es el ánimo que muchos buscan canalizar a su favor ahora que vienen las elecciones intermedias. Sea como sea, la vacuna es bien recibida.

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