Andrés Manuel López Obrador tiene, aún, la aspiración de pasar a la historia como uno de los mejores presidentes de México. Si algo ha mostrado López Obrador durante toda su vida política es la gran facilidad que tiene para alejarse de la realidad y vivir en un mundo paralelo en el que él, y sólo él, es el único ser vivo en el país que goza de honestidad, honradez, virtudes morales y sapiencia.
Según él mismo, ningún otro político en el país conjunta todas esas cualidades, y por ello, merece estar junto a Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas. Por ello, él puede señalar a los demás con su dedo flamígero y exhibir los defectos mundanos de los “conservadores” o de quienes él llama sus adversarios políticos.
Su alta capacidad de distanciarse de la realidad, junto con su poca o nula tolerancia a la frustración, dieron como resultado, por ejemplo, la fantochada del 20 de noviembre de 2006. Una vez que perdió la elección de ese año, López Obrador montó un teatro en el que se proclamó como el “presidente legítimo” de México en el Zócalo de la capital del país. En el evento, la entonces senadora Rosario Ibarra le colocó una banda tricolor que el maestro de ceremonias llamó “banda presidencial”. Se interpretó el himno nacional, que López Obrador escuchó de pie junto con doce acompañantes -igual número que los apóstoles de Cristo- que jugaban el papel de “secretarios”, integrantes de un “gabinete”, que buscaría “proteger al pueblo y defender el patrimonio de la nación”.
La mayoría de esos “secretarios” eran ya cercanos colaboradores de López Obrador, y varios de ellos continúan cerca de él en el gobierno federal. Es el caso de Octavio Romero Oropeza y Claudia Sheinbaum.
Hoy, en su distanciamiento de la realidad, López Obrador se asume como víctima de una conspiración internacional, en la que participan medios de comunicación mexicanos y extranjeros, para descarrilar u obstaculizar a su gobierno. En distintas ocasiones se ha asumido como el presidente más atacado por los medios de comunicación. Ni Madero sufrió el acoso de la prensa que hoy él dice padecer.
Sin embargo, López Obrador está muy lejos de los próceres. Ni es honesto, ni es honrado, ni tiene virtudes morales.
Si fuera honesto, López Obrador reconocería que su actuación como presidente no ha sido para beneficiar al país, sino para beneficiarse políticamente del dinero público que reparte, disfrazado de programas sociales, y que sólo tienen el objetivo de comprar la lealtad política de quien los recibe.
Si fuera honrado, el presidente habría ya explicado a suficiencia de dónde ha obtenido recursos para acreditar la adquisición legal de los bienes que posee.
Si fuera honesto y honrado permitiría investigaciones serias a un grupo de sus colaboradores, a quienes se les ha comprobado que no actuaron de manera legal para obtener una serie de bienes que hoy acreditan como suyos. Si fuera honesto y honrado permitiría investigaciones serias a algunos de sus familiares, quienes fueron evidenciados cometiendo actos ilícitos. Si fuera honesto y honrado exigiría una investigación seria sobre lo que ocasionó la tragedia del Metro en Tláhuac. Si fuera honesto y honrado no permitiría la utilización y el lucro político y la manipulación a los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en septiembre de 2014.
¿De verdad Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas harían lo mismo? ¿En serio los próceres serían tan inmorales para hablar de la sucesión presidencial al referirse a la tragedia de Tláhuac, asumiendo que lo importante del tema es que los adversarios atacan a quienes se perfilan para contender para sucederlo? ¿De verdad Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas exonerarían a Manuel Bartlett para asumir que “independientemente de la responsabilidad o no que pueda tener el licenciado (Manuel) Bartlett” en la muerte del ex agente de la DEA en México, Enrique Camarena, lo que de verdad importa y hay que destacar es que “se trata de campañas de descrédito de la revista Proceso y de la mayoría de los medios, supuestamente porque “el licenciado Bartlett ahora es el encargado de la industria eléctrica y está enfrentando a grupos de intereses creados, y cada vez que pueden, se le lanzan”.
Los distanciamientos de la realidad ponen en riesgo al país. Con eventos que rayan en la locura, el futuro de México es incierto. Es Nerón tocando el arpa en medio de la Roma ardiente.
