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Orbi 21. Más fallas que aciertos del Grupo de los 7. Por: Cristina Cardeño Destacado

21 Jun 2021
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Desde el viernes 11 de junio hasta el domingo 13, el Grupo de los 7 países más poderosos del mundo: Estados Unidos de América, Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Italia y Canadá, sostuvieron la Cumbre de forma presencial en Cornwall, Reino Unido. Esta reunión anual en donde los más ricos, poderosos e influyentes países occidentales discuten sobre temas relevantes de la agenda internacional, resultó una vez más de “mucho ruido y pocas nueces”.

 

Los 7 países occidentales que concentran cerca de los de la riqueza mundial, dialogaron sobre los estragos que ha dejado la pandemia de COVID-19 en materia económica y las posibles rutas de acción que tomarán para mitigar el surgimiento de otra pandemia y sobre todo, de lograr terminar con la que sigue amenazando al mundo entero hasta el día de hoy.

 

Sin embargo, organizaciones internacionales como Oxfam y Human Rights Watch, así como diversos analistas políticos, han señalado que estos países que representan el poder e influencia de occidente, podrían ser más ambiciosos y comprometidos con la causa más allá de los meros formalismos. Es decir, que en lugar de prometer apoyar con sólo 1.000 millones de vacunas contra la COVID-19, podrían haber realmente puesto el capital e interés en poner un porcentaje más alto cuando en realidad hacen falta 11,000 millones para terminar con la pandemia de acuerdo con lo dicho por la propia Organización Mundial de la Salud. Simplemente no es suficiente.

 

Además, uno de los puntos que vale la pena resaltar es la relevancia que tuvo China en el diálogo de los 7. Por obviedad, estos países representan los “altos valores occidentales con altos estándares de transparencia” que, según el presidente de los EEUU, Joe Biden, se han visto constantemente amenazados por la vertiginosa diplomacia del gigante asiático. Las críticas versaron sobre la “diplomacia de la deuda” con la que China ha logrado edificar su ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, generando deudas con altos intereses a través de un plan financiero de miles de millones de dólares para contribuir a los países en vías de desarrollo construyendo por ejemplo puertos marítimos, carreteras, trenes, etc. Hemos sido testigos de la efectividad de esta diplomacia china que se aleja del modelo intervencionista militar no sólo de los Estados Unidos, sino también de los países europeos al que el mundo entero está acostumbrado, en la implementación de relaciones orientadas a lo económico y comercial que resulte en la potencialización de China como el nuevo hegemón.

 

La balanza económica y comercial en lo últimos años, se ha inclinado en favor del país asiático y lo vimos también reflejado con la áspera relación entre EEUU bajo la administración de Donald Trump que se empeñó en enemistarse con China para tratar de jalar la balanza de nuevo a la potencia occidental que son los Estados Unidos. Todos los miembros del G7, están de acuerdo en que necesitan un plan similar para contrarrestar la influencia China en el mundo, por lo que anunciaron un “plan especial para apoyar a los países de bajos y medios ingresos y ayudarles a construir mejores infraestructuras”. Aún no queda claro cómo y cuánto desembolsará en principio los norteamericanos y los demás países que lo secunden.

 

La Cumbre se reduce a un mucho ruido y pocas nueces, ya que se anunciaron planes ambiciosos en términos del Cambio Climático por ejemplo o en cómo pretenden desbancar a China en su escalada por la hegemonía global sin esclarecer las estrategias y pasos a seguir para lograrlo. Eso sí, lo que dejan muy en claro en el miedo que les causa el ascenso de la potencia China que cada vez les resulta más difícil de controlar. ¿Estaremos presenciando el fin del imperialismo occidental? 

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