La “implacable” Irma Eréndira Sandoval fue despedida de la Secretaría de la Función Pública, un movimiento en el gabinete que se veía venir desde meses atrás. Sandoval perdió la confianza del presidente Andrés Manuel López Obrador desde hace mucho tiempo, y su salida de la Función Pública era sólo cosa de tiempo.
La hoy exsecretaria traicionó al presidente y a su partido, Morena, impulsada por la ambición de influir en la colocación de uno de sus hermanos, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, como candidato a la gubernatura de Guerrero. A ella se le atribuye la filtración de las denuncias existentes en contra de Félix Salgado Macedonio por presuntos abusos sexuales contra varias mujeres, que terminaron influyendo para crearle un ambiente adverso al llamado “Toro sin cerca”, quien goza del afecto personalísimo del presidente López Obrador.
La historia de Irma Eréndira al frente de la Función Pública estuvo plagada de polémica. En mayo de 2020, la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad dieron a conocer que Carlos Lomelí integró una red de empresas farmacéuticas que obtuvo contratos por al menos 164 millones de pesos, en la administración del presidente López Obrador, a pesar de que ostentaba un cargo en la administración pública, como delegado federal en Jalisco.
Sandoval se atribuyó como un logro personal la destitución de Carlos Lomelí, y ante el debate en medios sobre si la destitución del delegado federal en Jalisco se debía a la investigación de MCCI, John Ackerman, esposo de la entonces titular de la SFP, salió al quite y exhortó a no confundirse, pues “la muy importante separación de Lomelí como Delegado Federal no es por las denuncias facciosas de MCCI, sino por la solidez y el profesionalismo de las investigaciones de la SFP a cargo de la implacable Irma Eréndira Sandoval”.
Las autopromociones y las traiciones no fueron bien vistas en Palacio Nacional. El presidente sabía muy bien cuál es el papel que Irma Eréndira jugó para pretender imponer a su hermano Pablo Amílcar, y de ahí que éste haya tenido que retirarse de la contienda. Varios secretarios, hartos del hostigamiento de Sandoval y de las amenazas de realizarles auditorías, comentaron al presidente de las llamadas que recibieron de la funcionaria para pedirles su apoyo y respaldo para su hermano. López Obrador también sabía que Irma Eréndira y su marido operaron de manera importante la campaña mediática en contra de Salgado Macedonio.
Esa fue sólo la gota que derramó el vaso. El disgusto del presidente con Irma Eréndira viene de tiempo atrás, pues no le gustó el manejo discursivo de la entonces titular de la SFP sobre el caso Manuel Bartlett, y mucho menos la sanción que, contrario a sus instrucciones, le impuso a su hijo, León Bartlett, por la venta a altos precios de ventiladores mecánicos al IMSS al inicio de la crisis sanitaria por el coronavirus.
A López Obrador le irritó el protagonismo de una secretaria que buscaba la mínima oportunidad para figurar, y tampoco vio con buenos ojos las cada vez más frecuentes expresiones de su esposo, John Ackerman, en contra de Morena y la llamada 4T, derivadas de la inconformidad de la pareja con la decisión de Mario Delgado, dirigente del partido en el poder, de respaldar a Salgado Macedonio como candidato a la gubernatura de Guerrero. Fuentes bien enteradas relatan que en más de una ocasión el presidente llamó la atención a Irma Eréndira en reuniones de trabajo por haberse anticipado en dar a conocer información a la prensa sin consultarlo previamente.
En su más reciente colaboración en el periódico La Jornada, Ackerman escribió: “el partido político Morena se encuentra hoy en un estado de total ilegalidad y ausencia de institucionalidad democrática. Ninguno de sus órganos internos funciona cabalmente de acuerdo con los estatutos del partido y no existe espacio alguno para la participación de la militancia en la toma de decisiones”. En Palacio Nacional aseguran que al presidente tampoco le gustó nada la forma en que el académico estadounidense intentó reventar el proceso de selección de consejeros del INE.
A los pares secretarios de “la implacable”, al igual que al presidente López Obrador, les irritaba el protagonismo de Irma Eréndira. En el gabinete se percibía su trabajo como sospechosista. Molestaba su arrogancia y prepotencia, pues llegaba a las reuniones acompañada de un séquito de ayudantes y escoltas que muy pocos funcionarios utilizan.
Irma Eréndira y Ackerman eran dos chivos en cristalería, hasta que ella sintió el rigor del desprecio de López Obrador. “La implacable” pasó de ser una de las funcionarias que con más frecuencia acudía a la mañanera del presidente, a simplemente no pararse por Palacio Nacional desde el 23 de enero de 2020. Esa fue su última aparición en la conferencia de prensa del presidente, cuando en 2019 estuvo presente en siete ocasiones.
Irma Eréndira y Ackerman también fueron cuestionados por tener propiedades no reportadas en sus declaraciones patrimoniales, a pesar de que Sandoval era la funcionaria que tenía bajo su responsabilidad el combate a la corrupción.
“La implacable” regresará a su cubículo de la UNAM del cual salió para ser secretaria de la Función Pública. Regresará sola, pues tampoco cultivó amistades en el gobierno. Su esposo, por su parte, tendrá que meditar muy bien si continúa con su línea crítica al gobierno y a Morena, u opta por conservar sus programas de televisión en Canal Once, en donde tiene un sueldo muy digno que le permite sumar a lo que gana en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. La disyuntiva para ellos es apoyar o no a la 4T y su partido en los próximos tres años.
No es una decisión fácil, tomando en cuenta que tanto el gobierno como el partido los han vomitado.
