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Se tenía que decir… Rescatando a los soldados Ebrard y Sheinbaum. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

24 Jun 2021
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Una de las principales preocupaciones en Palacio Nacional en este momento es el tema de la sucesión presidencial en 2024. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha tomado la iniciativa para resolver personalmente el problema político que provocó la tragedia de Tláhuac ocurrida el pasado 3 de mayo, por el desplome de una parte del tramo elevado de la línea 12 del Metro, que dejó como saldo 26 personas muertas.

 

A partir de ahora, el presidente López Obrador se hará cargo de la comunicación sobre cómo se reactivará la línea 12 del Metro, desplazando a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, de lo que le correspondería. Parafraseando a un clásico: ella sólo es la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

 

La tragedia de Tláhuac resultó una carambola de tres bandas que noqueó a dos de los tres principales aspirantes de Morena, el partido en el poder, a la Presidencia de la República: Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard.

 

Ahora, el presidente López Obrador ha enfocado la estrategia discursiva para desviar cualquier sospecha de responsabilidad por los hechos ocurridos el 3 de mayo para Ebrard y Sheinbaum. El mandatario busca protegerlos y hará todo lo que tenga al alcance para que sus reputaciones salgan lo menos dañadas posibles.

 

El dictamen pericial que indica que fallas estructurales provocaron la caída del tramo elevado de la línea 12 afectó principalmente a Ebrard, pero no dejó a salvo a Sheinbaum. De hecho, los estudios que Palacio Nacional mandó a hacer de manera inmediata para medir qué tan fuerte fue el golpe para la jefa de Gobierno y para el Canciller, muestran que la mayoría de los mexicanos piensan que la responsabilidad de lo que ocurrió en Tláhuac recae en Ebrard o en Sheinbaum.

 

López Obrador utilizará, a partir de ahora, toda la capacidad de Palacio Nacional para limpiar la imagen de Ebrard y Sheinbaum. El presidente ha alcanzado un acuerdo con Carlos Slim y otros empresarios para reactivar lo más pronto posible la línea 12 del Metro de la Ciudad de México. La operación cicatriz necesita recursos, y los empresarios los pondrán.

 

Rescatar la imagen de Sheinbaum y Ebrard para mantenerlos en la carrera rumbo a la Presidencia es prioridad en Palacio Nacional.

 

En el caso específico de la jefa de Gobierno, Sheinbaum también carga con la derrota electoral de Morena en la Ciudad de México. Por ello, el presidente ha enfocado sus baterías a atacar a la clase media, a la que culpa de haberse dejado influir por campañas de desinformación y en contra del movimiento que él representa. Este discurso ha sido retomado por la jefa de Gobierno.

 

El presidente habla de crear una nueva clase media que no se deje engañar y que sea moralmente más fuerte. Con ello, se refiere a quienes reciben dinero público en forma de programa social. En el discurso, el presidente pasó del pueblo sabio que no se deja manipular, al pueblo de la Ciudad de México que se dejó influir por campañas de desprestigio en contra de su movimiento.

 

En el caso de la tragedia de Tláhuac, el presidente no puede echar mano de su argumento más socorrido: la culpa al pasado. No puede, porque en la tragedia de Tláhuac están metidas las manos de Ebrard y Sheinbaum, y porque ninguno de los dos se puede hacer a un lado de la responsabilidad política que cae sobre ellos.

 

En los siguientes meses se escucharán muchas mentiras del presidente para proteger a Ebrard y Sheinbaum. Son dos de sus más destacados soldados, y en uno de ellos depositará su confianza para sucederle. Por eso la importancia de atender, personalmente, que la imagen de la jefa de Gobierno y del Canciller no se deterioren más.

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