Síguenos en:

Se tenía que decir… Llueva, truene o relampaguee. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

27 Jul 2021
284 veces

El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció en Veracruz que “llueva, truene o relampaguee” habrá regreso a clases presenciales a finales del próximo mes de agosto. A muchos les parece una afirmación temeraria, y lo es, pero viniendo del presidente, no extraña.

 

Los pésimos resultados que tiene México en el manejo de la pandemia por el coronavirus muestran que el gobierno de López Obrador nunca ha privilegiado la ciencia para aminorar los inevitables efectos sanitarios que provoca el SARS-CoV-2. El presidente siempre ha puesto por delante sus convicciones personales o ideológicas, y ha dejado de lado los criterios médicos y científicos.

 

Esa forma de actuar y de gobernar han llevado a México a ser el cuarto país con más muertes por coronavirus, con 238 mil 595 al 26 de julio. Ello, sin considerar el subregistro de muertes asociadas a COVID-19, que algunas fuentes indican podría más que duplicar la cifra oficial.

 

Lo hemos dicho en otras ocasiones: al gobierno federal y al presidente López Obrador no le importan las muertes. Las consideran inevitables bajas de guerra.

 

La alta tasa de letalidad que registra México también deja ver que médicamente los mexicanos que se han contagiado de coronavirus han sido mal atendidos. En promedio, 9 de cada 100 mexicanos que se contagian de COVID-19 en el país mueren.

 

La declaración de López Obrador se registró en un momento en que el número de hospitalizaciones por COVID-19 va en aumento. El propio gobierno federal ha considerado el número de camas disponibles en el país como el indicador de referencia para saber si el país va bien o mal.

 

Si bien los números de esta tercera ola no son tan altos como cuando se registró el peor pico, en la época invernal del año pasado, los números no pueden permitir un relajamiento de las acciones sociales. Pero eso al gobierno no le importa. Necesita a la gente en la calle para generar una sensación de que el país va bien. Ir mal no es opción para el presidente López Obrador.

 

Los contagios actuales de coronavirus se registran en mayor número en la población joven. Esa población es a la que se le exigirá a finales de agosto regresar a las aulas sin estar vacunada, y con la ola de contagios al alza. La justificación de López Obrador fue muy mala. Asegura que los jóvenes se están enviciando con videojuegos por permanecer en sus casas. La urgencia de mandar de nuevo a los niños y jóvenes a las aulas ni siquiera obedece a criterios sociales o educativos, sino a una versión que está muy cercana de la definición de chisme.

 

El presidente López Obrador y muchos de sus seguidores se han negado a usar cubrebocas durante toda la pandemia. Han rechazado el uso de las mascarillas porque, según el doctor Hugo López-Gatell, no se ha demostrado científicamente su utilidad para evitar contagios. Hoy, hasta el impresentable Gerardo Fernández Noroña, quien se ha negado permanentemente a usar cubrebocas, se ha contagiado de coronavirus.

 

Al presidente y a su gobierno nunca les ha importado que la gente muera. La pandemia se vino a atravesar contra los planes de quien aspiraba a ser el mejor presidente de México, pero también se atraviesan los niños con cáncer y sus familiares que reclaman el derecho de contar con medicamentos y quimioterapias para luchar contra esa enfermedad.

 

Más que lanzar un ultimátum para el regreso presencial a clases, el Ejecutivo debería ser cauto y esperar una baja en los contagios y en las muertes por coronavirus en el país. Eso, si en verdad le preocupa la salud de los mexicanos, y si deja ver las muertes por coronavirus como inevitables bajas de guerra.

Valora este artículo
(0 votos)