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Desde San Lázaro. Claudia, la represora. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

31 Ago 2021
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Desde que se anunció la derrota de Claudia Sheinbaum en los comicios del 6 de junio, al perder más de la mitad del territorio de la capital del país, ocho alcaldías, su carácter se agrió más de lo normal y su ímpetu revanchista contra los capitalinos que votaron a favor de la coalición conformada por el PAN, PRI, y PRD, se ha recrudecido a grado tal que ordenó agredir físicamente a sus alcaldes electos.

La estrategia de la jefa del gobierno capitalino es dejar sin presupuesto suficiente, ni operación política, a los nuevos alcaldes para que los habitantes de esas demarcaciones terminen por rechazarlos y con ello, recuperarlos.

Por ello, desde que se confirmó la derrota de Morena en Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Cuajimalpa, Coyoacán,  Cuauhtémoc,  Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo y Tlalpan, se ha abocado a apretar a los  habitantes de esas ex delegaciones con medidas como; la restricción en la dotación de agua potable, como ha sido el caso muy marcado en la alcaldía en Tlalpan o peor aún en negarse a recibir a los alcaldes electos, además de autorizar que los titulares de esas alcaldías se terminen de gastar el presupuesto y sus remanentes.

Con la idea de nombrar a súper delegados en cada alcaldía que quedó en manos de la oposición, Claudia Sheinbaum pretende que el gasto social que les tocaría manejar,  lo operen estos funcionarios que en una estrategia espejo, tendrían funciones similares a los súper delegados que nombró AMLO en las entidades del país, para ejercer un contrapeso político, social y económico a los alcaldes electos en la capital.

El arribo de Martí Batres a la Secretaria General de Gobierno, no fue para tender puentes de dialogo, sino para reventar a los opositores para que, al final del día, Morena recupere el bastión perdido.

En esta lógica se explican las agresiones de las que fueron objeto varios alcaldes electos en su intento de ingresar al Palacio Legislativo de Donceles, por granaderos cuya orden era tajante, impedir el paso al costo  que fuera, incluso con agresiones físicas contra los representantes de más de 4 millones de capitalinos.

El remedo de dictadora que despacha en la jefatura de Gobierno quedó en evidencia y ahora su bandera de una ciudad de libertades ha quedado  nuevamente mancillada por su actitud represora.

Los golpes y toques eléctricos propiciados por la policía capitalina a Lía Limón, Santiago Taboada, Mauricio Tabe y Sandra Cuevas, no fueron solo  contra ellos, sino contra la mitad de los capitalinos que expresaron su rechazo a Morena, a Claudia Sheinbaum y al propio presidente, mediante el voto de castigo contra el mal gobierno.

A partir de que tomen posesión los nuevos titulares de las alcaldías que quedaron en manos de la coalición Va por México, se empezarán a desgranar las denuncias contra los alcaldes salientes, por corrupción, desvió de recursos y enriquecimiento plenamente explicable y en donde se va a observar las maromas que tendrá que hacer la señora Sheinbaum y la fiscalía de la CDMX para contener el daño.

La impartición de justicia tanto a nivel federal como en la capital del país, es discrecional y se aplica conforme los lazos de amistad y complicidad que se tenga con las autoridades en turno.

Mientras tanto, diremos que la actitud asumida por Claudia Sheinbaum de represora, ha empañado una transición pacífica rumbo al relevo de alcaldes en la capital y con ello, la ha estigmatizado en su sueño guajiro de llegar a ser presidenta.

No tiene la capacidad, ni las habilidades políticas para ello y si, en cambio, mantiene un complejo represor y resentimiento que lo destila en los actos públicos o en sus conferencias de prensa.

Quien no debe estar muy contento con su comportamiento de dictador bananero es su jefe, el que despacha en Palacio Nacional, ya que no termina de levantarla cuando comete otra burrada.

Desde el lamentable percance de la Línea Doce, en el que la jefa del gobierno capitalino tuvo buena parte de la culpa, los astros le han volteado las espaldas y lejos de tratar de aplicarse, atenta contra la gobernabilidad de la capital.

En la víspera del Informe anual de Gobierno del presidente, Sheinbaum le echa a perder la celebración con actor represivos. 

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