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Se tenía que decir… El desinforme presidencial. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

02 Sep 2021
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Aunque lo niega con frecuencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador adora la parafernalia que los usos y costumbres políticas han ido asentando a lo largo de los años. La obligación constitucional de presentar el Informe de Gobierno anual, el 1 de septiembre, ante el Congreso de la Unión que en la misma fecha inicia su primer periodo ordinario de sesiones del año legislativo, es la ocasión perfecta para el lucimiento. El Informe también era el corte de caja anual en el que los presidentes ofrecían cifras en los diferentes rubros que servían para la estadística y el análisis sobre la situación del país.

 

Si bien el formato de lucimiento ha cambiado, el actual le permite al mandatario presentarse, como figura única, y lanzar su perorata sin riesgos de ser interrumpido -interpelado en el argot parlamentario-. Es el verdadero Día del Presidente.

 

Desde que Porfirio Muñoz Ledo mostró, en aquel Informe de Gobierno de Miguel de la Madrid del 1 de septiembre de 1988, que los diputados podían robarle protagonismo al presidente, la ceremonia en la que el mandatario se lucía frente a toda la nación dio un giro. A partir de esa fecha, en los Informes ya no se sabía quién le robaría cámaras al presidente en turno.

 

Vicente Fox fue el último presidente que acudió a la Cámara de Diputados para rendir su Informe de Gobierno, en 2006.

 

Desde ese año, los presidentes de la República entregan por escrito el Informe de Gobierno al Congreso de la Unión y en ceremonia aparte, generalmente en Palacio Nacional, emiten su mensaje correspondiente sin ser interrumpidos y con los consabidos aplausos de los invitados asistentes.

 

Así fue el tercer Informe de Gobierno del presidente López Obrador.

 

El presidente, al igual que en los dos años anteriores, ofreció un mensaje lleno de verdades a medias y de francas mentiras para pintar un país que, en sus palabras, va bien en todos sentidos, pero que es muy distinto al México de nuestros días. Las cifras y datos ofrecidos este 1 de septiembre no coinciden ni siquiera con los datos oficiales, pero rebosan de triunfalismo y autoelogios.

 

En realidad, que eso ocurra no es nada nuevo. Todos los presidentes han presentado sus Informes de Gobierno con ánimo propagandístico, con un mínimo o nada de autocrítica, y con un tono triunfalista con el que todos los mandatarios se asumieron como históricos, visionarios e irrepetibles.

 

López Obrador no ha sido la excepción. ¿Por qué lo sería?

 

El presidente López Obrador aseguró en su Informe que bien podría retirarse en este momento, y lo haría con la conciencia tranquila. También afirmó que con lo logrado al día de hoy en su sexenio, sería muy difícil que los avances logrados pudieran echarse para atrás, o que regresaran los modelos neolibreales de gobierno. Incluso, refirió que en la primera mitad de su gobierno se han alcanzado siete récords históricos: en remesas, en Inversión Extranjera, en incremento al salario mínimo, en no devaluación del peso, en no incremento de deuda, en aumento del Índice de la Bolsa de Valores y en las reservas del Banco de México.

 

López Obrador miente o saluda con sombrero ajeno. Ninguno de esos “récords” depende del gobierno federal exclusivamente, por lo que no pueden presumirse como logros gubernamentales.

 

En el caso de la Inversión Extranjera Directa, en el primer semestre de 2021 fue de 15.5 mil millones de dólares, y en el mismo periodo de 2020 fue de 18.5 mil millones de dólares; es decir, se recibió menos inversión extranjera este año que, incluso, el peor año económico por la pandemia del coronavirus.

 

Además, el aumento en el envío de remesas tiene que ver con los márgenes de maniobra económica de los migrantes y el nivel de certidumbre con que viven y las necesidades de sus familias o comunidades. No es un mérito del gobierno ni tampoco es algo para presumir.

 

Por otra parte, expertos del sector privado bajaron al 5.99% el pronóstico de crecimiento del PIB del país para 2021, de acuerdo con la encuesta mensual de agosto hecha por el Banco de México entre especialistas.

 

El presidente López Obrador nuevamente lanzó un discurso para un sector de la población. En esta ocasión, el mensaje no fue para su base electoral, sino para aquellos que lo han criticado y a quienes les dice: “vamos bien, a pesar de los contratiempos”. Sin embargo, la revisión puntual de las cifras expresadas por el mandatario muestra que, otra vez, él tiene otros datos, alejados de la realidad, e inservibles para el análisis serio de la situación actual del país.

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