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Orbi 21. Desacierto en el liderazgo mexicano. Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

20 Sep 2021
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La reunión de este año de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), fue presidida por México. Enmarcada por un ambiente polémico, los 33 miembros lograron recoger en una declaración de 44 puntos, los aportes de cada miembro.

         Por un lado, hay algunos puntos rescatables que se enunciaron certeramente, como definir una posición común con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para puntualizar que es muy desigual el acceso a los recursos de la institución. De igual manera, señalar que ha sido muy difícil conseguir las vacunas y que ha sido injusto y abusivo que tantos países no tengan acceso a las vacunas. A lo anterior, como bien lo citó el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, se le suman declaraciones especiales como la necesidad de ponerle fin al bloqueo económico contra Cuba.

         Por el otro lado, hubo momentos clave que terminaron por derrumbar (como de costumbre) el ideal de la integración regional latinoamericana. La CELAC fue creada con la aspiración de lograr la tan añorada integración de la región a la usanza de la Unión Europea. El problema aquí es que no somos la UE. Crear este tipo de integración requiere acuerdos económicos de alcance parcial, áreas de libre comercio, uniones aduaneras, mercados comunes y unión económica para poder lograr una integración económica plena. En el ámbito político, la interlocución, coordinación, concertación y asociación amplia y una integración política plena (federación) serían los elementos necesarios para crear la integración regional. Sin embargo, también es necesario hacer un escaneo sobre la actualidad política, económica y social en Latinoamérica, algo que al parecer la SRE no supo hacer.

         Para lograr dicha integración, es necesario ceder soberanía para construir soberanía agregada. Es decir, ceder para sumar. El carácter desigual y de diferenciación social en toda la región, la pobreza cada vez más amplia, la marginalidad de la región en temas geoestratégicos globales, los altos índices de violencia que manifiesta, el narcotráfico y el peso que tiene Estados Unidos como la potencia hegemónica para la región (en especial para México), son elementos que siempre han frenado los intentos de la integración latinoamericana. Lamentablemente, son factores intrincados que difícilmente se resolverán para llevar a cabo estos grandes planes. El carácter de región democrática está siendo cuestionado ya que existen varios países que demuestran lo contrario y donde se están privando libertades y derechos. Así los casos de Colombia, Venezuela, Nicaragua y por supuesto, Cuba. Esto fue un factor polarizador y álgido en la Cumbre. En las mesas de diálogo, donde se necesitaba hubiera coordinación y unidad, se vio todo lo contrario al haber mandatarios como el de Uruguay y Paraguay que abiertamente desconocieron el régimen de Nicolás Maduro, dejando en ridículo el “liderazgo” y esmero de la parte mexicana al tratar a Cuba y Venezuela como los grandes amigos del país.

En definitiva, no se trata de una Cumbre iniciada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador como muchos aduladores del gobierno se han querido adjudicar. De hecho, el regionalismo latinoamericano se ha discutido desde hace décadas, pero parece ser que AMLO y su gabinete no lo tenían presente. El apoyo del gobierno mexicano a dictaduras como la Cubana, deja claro que AMLO está mandando un mensaje contradictorio al presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, al pretender retomar un liderazgo que se perdió desde hace décadas atrás. Ha sido un gran desacierto de Marcelo Ebrard y por supuesto, del Presidente Andrés Manuel López Obrador. 

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