Detrás de cada palabra con que predica reconciliación, el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene un discurso de odio que ha permeado y que ha llevado a la sociedad a un desencuentro pocas veces visto en el país. México está más confrontado que nunca, y los pleitos que se registran en redes sociales y medios de comunicación entre López Obrador y sus seguidores, y todos aquellos que no apoyan al presidente, son por temas de todo tipo, desde los más banales hasta asuntos un poco más importantes para la vida nacional.
El affaire más reciente fue el provocado por la demanda del CONACyT a 31 científicos e investigadores por supuestamente haber cometido peculado, y el escalamiento de la Fiscalía General de la República a lavado de dinero y delincuencia organizada, delitos que requieren seguir su proceso con cárcel preventiva y por los que la propia Fiscalía pide más de 81 años de cárcel para cada uno de ellos.
El presidente López Obrador también acusó públicamente a los científicos e investigadores, sin presentar una sola prueba, de ser corruptos. Los trató como a los peores criminales y desde el púlpito de la mañanera los privó de la presunción de inocencia. No es nueva la tirria que el presidente le tiene a quienes ostentan títulos académicos, y más si han sido obtenidos en el extranjero.
Sin embargo, López Obrador no resistió la tentación de victimizarse -porque finalmente todo lo que ocurre se trata de él-, y leyó en público un tuit emitido por alguien que se ostenta como científico pero que nadie reconoce como tal, en el que insulta al propio mandatario y a su esposa. Insultos como los proferidos por ese tuitero hay cientos, miles en las redes sociales todos los días, emitidos por gente que no merece la pena tomar en cuenta.
Al rebotar en público ese tuit, el hashtag #zopilota se convirtió en trending topic rápidamente y se mantuvo entre lo más reproducido en Twitter. Los esfuerzos por controlar el daño que el propio presidente ocasionó fueron vanos, y hasta hoy mucha gente en redes mantiene el ofensivo hashtag.
Este es sólo un ejemplo de lo que ha ocurrido en los últimos años: desde Palacio Nacional se atiza el discurso del odio, y las redes sociales se convierten en campos de batalla entre quienes abiertamente se dicen antilopezobradoristas y quienes defienden la actuación del presidente.
El discurso de odio también trasciende las mañaneras. En la ceremonia para conmemorar los 200 años de la consumación de la Independencia de México, el presidente también tuvo palabras para los representantes de gobiernos como el francés y el ruso.
“Nos declaramos partidarios de la paz, de la soberanía y del amor. Aunque no olvidamos, sostenemos que es tiempo del perdón y el respeto mutuo. Ahora, por ejemplo, mantenemos buenas relaciones con la iglesia católica gracias a que el Papa Francisco es un verdadero cristiano. No hay razón tampoco para enfatizar en este día las profundas diferencias históricas que hemos tenido con Francia, porque en los nuevos tiempos esa nación ha sabido respetar la dignidad de nuestro pueblo”, señaló.
El discurso de odio tiene en Palacio Nacional una gran difusión, y muchas veces es su propia cuna. El gobierno federal no puede deslindarse del discurso de odio, pues ha sido en muchas ocasiones el principal emisor. La confrontación de la sociedad ha sido la flama que ha mantenido la popularidad presidencial, y por lo mismo seguirá siendo alimentada con el discurso de odio. Nadie, ni adentro ni afuera del gobierno federal, se atreverá a confrontar al presidente para sugerirle bajar el tono a sus discursos. Nadie se atrevió a decirle que, difundiendo públicamente el tuit en el que se insultaba a su esposa, le hacía más daño.
