Los presidentes de la República tuvieron, hasta 2005, dos ocasiones anuales en las que acudían ante los legisladores. En ninguna de ellas intercambiaban ideas, pero en una sí el mandatario ofrecía un discurso para informar el estado que guardaba el país y las acciones realizadas durante el año que transcurría.
Al 1 de septiembre de cada año, fecha en la que inicia el primer Periodo Ordinario de Sesiones del Congreso de la Unión, se le llegó a nombrar el “Día del presidente”. Esto fue así porque durante los años en que el PRI dominó las Cámaras de Diputados y de Senadores era la fecha en que el mandatario en turno recibía una gran cantidad de aplausos por parte de los legisladores priistas.
La ceremonia del Informe de Gobierno presidencial en la Cámara de Diputados dio un giro en 1988, cuando el diputado Porfirio Muñoz Ledo interpeló al presidente Miguel de la Madrid. A partir de ahí, diputados de oposición siempre interpelaron al mandatario en turno. Así se acabó el “Día del presidente”, porque los diputados opositores se robaban el show cada 1 de septiembre.
El último mandatario que acudió a la Cámara de Diputados para rendir su Informe fue Vicente Fox Quesada, el 1 de septiembre de 2005. A partir de 2006, el Informe se envía por escrito a la Cámara y el presidente ofrece un discurso, generalmente en Palacio Nacional, buscando rescatar el “Día del presidente”.
La otra ocasión en que los mandatarios acudían a la sede de los legisladores, hasta ahora, era la ceremonia de entrega de la Medalla Belisario Domínguez en el Senado de la República. La asistencia del mandatario era testimonial, pues no ofrecía discurso ni imponía la Medalla. Era un testigo de honor, al igual que el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Este año, el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió no acudir para evitar, según dijo, que la investidura presidencial fuera insultada o agraviada. La decisión de López Obrador fue en respuesta a un tuit de la senadora Lilly Téllez que señalaba: “El violador serial de la Constitución: el señor presidente López Obrador…vendrá al senado la próxima semana; es preciso hacerle frente”.
López Obrador interpretó que el tuit de Téllez era un llamado a faltarle al respeto, y decidió mejor no acudir a la vieja casona de Xicoténcatl.
Esta decisión de López Obrador sienta un precedente, y a partir de ahora se prevé que, al menos en lo que resta del sexenio, el presidente no acudirá al Senado para la entrega de la Medalla Belisario Domínguez.
Si bien el formato de la ceremonia no consideraba ningún tipo de diálogo entre el presidente y los legisladores, la asistencia del mandatario en el Senado era un gesto republicano que permitía la concurrencia de los tres Poderes de la Unión. En la lógica del presidente, haber acudido al Senado hubiera expuesto su investidura.
Ya no habrá más oportunidades de que alguna Cámara del Congreso de la Unión sea anfitriona del presidente López Obrador. Como ocurrió con los Informes de Gobierno, ahora la ceremonia de entrega de la Medalla Belisario Domínguez se llevará a cabo solamente con la presencia de los legisladores.
