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Se tenía que decir… López Obrador se queda sin pretextos. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

26 Nov 2021
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Una de las críticas permanentes que enfrenta el presidente Andrés Manuel López Obrador es que su gobierno es de ocurrencias. Sus opositores repiten con insistencia que el presidente gobierna con el hígado, visceralmente, y sin estrategias de gobierno destinadas a fortalecer la economía, el Estado de Derecho, la seguridad pública, el sistema de salud pública, así como para atender de manera eficiente el desabasto de medicamentos o la crisis económica y sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus.

 

Los resultados, o lo que el gobierno presenta como resultados, parecen dar la razón a los opositores.

 

Con frecuencia, el presidente López Obrador ha insistido en presentar como logros de gobierno las cifras históricas de las remesas que llegan al país, la inflación, la estabilidad del tipo de cambio peso-dólar, y hasta los altos niveles alcanzados en el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores.

 

Ninguno de los anteriores podría ser considerado un logro de gobierno. Al menos, no si hablamos seriamente.

 

Además, al presidente se le han caído poco a poco los argumentos con los que sostenía sus presuntos logros. Los días buenos para el IPC fueron el primer argumento que López Obrador dejó de considerar como logro de gobierno. La volatilidad del mercado especulativo ha llevado, como es normal, a que en la Bolsa Mexicana de Valores haya días buenos y días malos.

 

López Obrador también insiste en presentar como un logro de su administración el monto histórico de las remesas que los mexicanos en el extranjero envían para sus familias en México. Lo que el presidente no menciona es que México se ha convertido en el principal expulsor de migrantes en América Latina, tomando en cuenta que en el periodo octubre de 2020-septiembre de 2021, 608 mil mexicanos fueron detenidos por autoridades fronterizas de Estados Unidos. Estas cifras tiran por tierra el discurso de que el país va bien económicamente y de que las reuniones tempraneras de seguridad en Palacio Nacional estén dando buenos resultados.

 

Por otra parte, López Obrador tampoco puede aludir a la estabilidad del tipo cambio peso-dólar, sobre todo cuando en la semana el precio de la moneda americana rebasó el techo de los 22 pesos por unidad. El presidente no ha entendido que el tipo de cambio no depende exclusivamente de las acciones de gobierno. Es más, los factores externos inciden más en la paridad peso-dólar que cualquier acción del gobierno mexicano.

 

El presidente tampoco puede presumir que la inflación en el país esté controlada. El alza de precios en México cerrará el mes de noviembre por encima del 7%, la tasa más alta de los últimos 20 años.

 

López Obrador justifica que la inflación y la apreciación del dólar no son temas exclusivos de México, sino que derivan de una crisis mundial por la pandemia del coronavirus. Sin duda, tanto la inflación como la depreciación del peso tienen componentes externos, pero el gobierno mexicano ha mostrado incapacidad para afrontarlos.

 

Al presidente le quedan cada vez menos recursos discursivos para justificar la falta de estrategias de gobierno. A la vez, los golpes de realidad reflejan que la oposición no está muy errada al afirmar que López Obrador gobierna con ocurrencias, dominado por el hígado, visceralmente, y lamentablemente sin estrategias.

 

Las ocurrencias gubernamentales no dan resultados, y López Obrador deberá encontrar nuevos pretextos con los cuales disfrazar que su gobierno no camina. 

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