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Se tenía que decir… Tres años de nada. Por: Santiago Cárdenas Destacado

02 Dic 2021
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El evento fue anunciado por Andrés Manuel López Obrador como un informe con motivo del tercer año del inicio de su gobierno. Sin embargo, en la realidad la concentración en el Zócalo capitalino fue una mezcla de mitin partidista y de evento de apoyo al mandatario que con frecuencia busca reafirmar su aprobación popular.

 

El ego presidencial se impuso a la prudencia a la que obligan las medidas sanitarias por el coronavirus, pandemia que aún no acaba y que ahora amenaza con una nueva variante de la que todavía se sabe poco. Pero como en los días recientes todo en el gobierno giraba en torno al AMLOFest, la versión gubernamental, en voz del subsecretario Hugo López-Gatell, apunta a que no hay evidencia científica que lleve a la preocupación por la variante Ómicron. Los gobiernos como el de Estados Unidos y Canadá, que empezaron a tomar precauciones ante la nueva variante de la COVID-19, son efectistas y sólo buscan calmar la ansiedad de sus poblaciones, según lo dicho por López-Gatell.

 

Y ya en el templete, frente los miles de mexicanos que llenaron la Plaza de la Constitución, el presidente se aventó la lectura de un discurso de una hora y 16 minutos en el que no hubo nada nuevo. El mismo choro de ocasiones anteriores para decir que todo va bien cuando no hay resultados; que todo mejorará y que se heredó un país hecho pedazos. Nada nuevo y puras promesas.

 

Que sus programas sociales se aplican desde abajo, y no como antes, desde arriba, según él; que estamos de pie y que muy pronto saldremos de la crisis - ¿hay crisis? -, que las bases de la cuarta transformación están asentadas y que la mentalidad del pueblo está cambiando como nunca en estos tres años de gobierno. Ningún logro de gobierno, y puras palabras.

 

Y claro, no podía dejar pasar la oportunidad para referirse a la revocación de mandato que se llevaría a cabo en abril. Sin importarle la ley electoral que expresamente prohíbe manifestarse en torno al ejercicio de revocación de mandato, López Obrador hizo un llamado a participar en la consulta. “En abril del año próximo vamos a probar de nuevo qué tanto respaldo tiene la política de transformación, sabremos si vamos bien o no, con la consulta para la revocación de mandato se le preguntará al pueblo, que es el soberano y el que manda, si quiere que continúe en la Presidencia o que renuncie”, señaló.

 

Los mensajes fueron nuevamente para su base, para aquellos que respaldan su gobierno. Fue un mensaje sin contenido, con mucha retórica, tal y como han sido los primeros tres años de gobierno.

 

Pero a López Obrador no le interesa gobernar. Lo que a él le interesa es pasar a la historia y ocupar un sitio entre Juárez, Madero y Cárdenas. El presidente se siente un iluminado, destinado a conducir al país a nuevas condiciones, y a eso le llama cuarta transformación.

 

Si se analizan los resultados de gobierno, López Obrador no tiene nada qué informar. Pero ¿Quién quiere informar cuando lo que importa es reiniciar sus mítines y sus “asambleas populares”?

 

Para el presidente López Obrador, atrás han quedado la crisis sanitaria por el coronavirus y sus casi 450 mil muertos en el país, atrás ha quedado la crisis económica también provocada por la pandemia, y atrás han quedado los más de 100 mil muertos por la violencia en el país. El gobierno ha decidido que la segunda mitad del sexenio será de campaña, para él y para su sucesor o sucesora, y de seguir con el mismo discurso que no informa nada, pero que tanto gusta a sus bases.

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