El presidente Andrés Manuel López Obrador conservó como uno de sus mantras el que “por el bien de México, primero los pobres”, lo que significa que uno de sus principales objetivos era privilegiarlos en las políticas públicas. El enfoque que el gobierno federal ha dado a la política social, en la que las entregas directas de dinero se han disfrazado de programas sociales, no ha servido para disminuir la pobreza en el país.
Otro enfoque erróneo de Palacio Nacional en la visión pública del país es el de ofrecer “abrazos, no balazos” a la delincuencia organizada, que hoy domina dos terceras partes del territorio nacional. Los delitos de alto impacto al alza, a pesar de que las cifras que ofrece la improvisada secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez digan lo contrario; así como los constantes ataques impunes a la Guardia Nacional, los asesinatos de periodistas, defensores de derechos humanos y alcaldes, muestran simplemente que la “estrategia” de que el gabinete de seguridad se reúna muy temprano con el presidente, supuestamente para tomar decisiones, tampoco ha servido para nada. A manera de chiste, algunos asistentes a esas reuniones afirman que a esa hora lo único que se puede tomar es café.
Una decisión que también fue un fracaso fue la cancelación del Seguro Popular e intentar sustituirlo por el Instituto de Salud para el Bienestar. A la fecha, lo único que ha ofrecido el INSABI son decepciones. Cancelar el sistema de adquisición de medicamentos en el país ha sido otro error del gobierno del presidente López Obrador. A la fecha, el sector salud ha sido incapaz de abastecer de medicamentos a niños con cáncer que son atendidos en hospitales públicos y a una población que acude con desesperación para obtener atención médica de calidad. Los hospitales públicos ya no son capaces de ofrecer atención digna a los mexicanos, que recurren cada vez con más frecuencia a servicios privados ofrecidos por las farmacias.
En todos los casos descritos, la población más afectada es la que se encuentra en pobreza. Fallar en la política social y en las estrategias para dar más seguridad a la población, mejores servicios de salud y la garantía de abastecimiento de medicamentos afecta directamente a los pobres.
La más reciente encuesta sobre la aceptación presidencial muestra que entre quienes aprueban la gestión de López Obrador el 41% lo hace directamente por los apoyos en dinero que recibe. Es decir, ese sector de población lo respalda porque les da dinero, y no porque las políticas sociales sean efectivas para sacar a esa gente de la pobreza. Sólo 17% de quienes apoyan a López Obrador lo hacen porque están de acuerdo con sus obras o sus acciones.
El propio presidente asegura que su base de apoyo se encuentra en los estratos más bajos. Él mismo ha asegurado que entre mayor es la preparación académica de los mexicanos, menor es el apoyo que le brindan. Ahí se entiende el fúrico ataque presidencial a las clases medias, a quienes aspiran a contar con maestrías y doctorados y a las instituciones públicas donde los jóvenes pueden obtener un posgrado.
En términos económicos, López Obrador también ha fallado y ha dejado a su suerte a la mayoría de la población, principalmente a los más pobres. Su visión equivocada para combatir los efectos de la pandemia ha sumido en la pobreza a más de dos millones de mexicanos más.
El gobierno de López Obrador ha fallado en sus mantras. No ha sido honesto, no ha combatido la corrupción, y tampoco ha privilegiado a los pobres. En general, el gobierno de López Obrador ha sido de fracasos, y con ellos ha arrastrado, principalmente, a los más pobres del país.
