No se trata solo del rechazo a Mario Delgado, líder nacional de Morena, sino de una profunda escisión principalmente entre militantes de los seis estados de la República en donde habrá elecciones para elegir a gobernadores.
El método de la consulta popular que se instituyó en ese partido, merced a la recomendación que hiciera el fiel de la balanza, ha dejado, ahora más que nunca, en los perdedores un dejo de resentimiento y ello conlleva un alto riesgo para que pierden en esas entidades.
A principio del año, Acción Nacional en voz de su dirigente nacional, Marko Cortés reconoció que solo ganarían en Aguascalientes, empero, con el paso de las semanas y la molestia creciente de morenistas desplazados por los ungidos desde Palacio Nacional, ahora se suman Hidalgo, Tamaulipas y Durango, quedando solo, por el momento, Oaxaca y Quintana Roo con posibilidades de que Morena gane los comicios.
El asunto sería menos grave si la debacle solo se constreñiría a las elecciones estatales, el tema es que la vulnerabilidad de Morena, se agudizará para el próximo año en donde los dos últimos bastiones que le quedaban al PRI, Estado de México y Coahuila, pareciera que la alternancia será para después.
Hasta hace poco se anticipaba una derrota tricolor en ambas entidades, pero ahora, como están las cosas, podría ocurrir un viraje de 180 grados en las preferencias de los electores para darle su voto a la coalición conformada por el PRI, PAN y PRD, aunque no hay que perder de vista a Movimiento Ciudadano y al candidato que presentarán en la región mexiquense.
Después del 2023 viene la madre de todas las elecciones, la presidencial, y entonces allí veremos el comportamiento de los precandidatos de Morena que no se vieron favorecidos con el dedazo y por ende, seguramente buscarán otros espacios políticos para continuar en la grilla y eso de suyo mantendrá en un vilo el resultado de las elecciones presidenciales.
Al cúmulo de problemas que enfrenta el presidente, hay que sumarle la rebelión que se da en el patio trasero de Morena que de seguir las cosas, se vislumbra el relevo de Mario Delgado por un liderazgo que apacigüe las aguas, aunque en estos momentos no se vislumbra a ese personaje, en mi opinión podría ser el principal huésped del Palacio de Cobián en Bucareli.
Solo en Adán Augusto López confiará el presidente en el manejo de la próxima elección presidencial para cuidar a su sucesora.
Algunos analistas han plantean la posibilidad de que si los enanos del tapanco no crecen hacia el 2024, tiene al secretario de Gobernación para entrar al quite, ya como candidato a la presidencia de la república o como líder nacional de Morena.
La baraja de incondicionales al presidentes, de comprobada lealtad y eficacia en el manejo político es muy reducida, por eso todos los reflectores apuntan hacia su primo, Adán Augusto López.
A poco más de tres meses de los comicios en las seis entidades es incuestionable la caída de Morena en por lo menos cuatro de esos estados y si en Quintana Roo, los yerros personales del Diamante Negro, Roberto Palazuelos, no le estorban, será un candidato bastante competitivo.
Está claro que los ganadores de las elecciones no son los más capaces ni los mejores preparados, son aquellos que logran conectar emocionalmente con los electores, por eso a nadie se le puede descartar.
Las alarmas rojas están prendidas en el bunker de Morena y por supuesto en Palacio Nacional, ya que no solo tienen ante sí un cúmulo de problemas por la crisis en que está metido el país, sino porque la rebelión en la granja ha crecido a niveles incontrolables y si a eso le sumamos los resultados que se vislumbran en la revocación de mandato, pues las cosas están al rojo vivo para el partido en el poder.
