Las reformas constitucionales que son parte fundamental de la agenda legislativa del presidente, como la eléctrica y la electoral, así como los efectos políticos y sociales del fracaso de la revocación de mandato en cuanto a la participación mayoritaria de la ciudadanía y otros temas, pasarán por el crisol del poder Legislativo y en especial de la Cámara Alta.
Ese embudo que le da cauce y sentido a las expresiones políticas y a las reformas del texto constitucional, es la cámara de senadores.
En pocas palabras, en la cancha de los senadores y en particular de Ricardo Monreal, visto este como líder de la bancada más numerosa, quedará la operación política para aprobar las reformas y en ese sentido, el zacatecano se mantiene como un engranaje fundamental de la maquinaria del Jefe del Ejecutivo Federal la 4T para consolidar todo el entramado legal que se requiere para consolidar su proyecto.
Desde el pasado mes de junio, se congeló la extraordinaria relación que existía entre López Obrador y Ricardo Monreal a tal nivel que, ahora cualquier asunto que se quiera tratar entre ambos, entra al quite Adán Augusto López, titular de la Segob, no solo para mantener el puente de interlocución, sino para vigilar que las ordenes presidenciales lleguen a buenos términos.
Ricardo Monreal se mantiene al frente del grupo parlamentario de Morena en el Senado aferrado a un clavo hirviendo, ya que el fuego amigo pretende quitarle ese liderazgo para dar paso a algún senador de ese partido que le llene el ojo al presidente y que sea un operador eficaz, sin embargo, a la fecha no hay nadie con los tamaños suficientes para suplirlo.
Los motines y rebeliones que ha padecido no han tenido éxito, al contrario, lo han consolidado como un político apagafuegos y gran negociador con sus pares emanados de otras fuerzas políticas.
El respeto que se ha ganado el exdelegado de Cuauhtémoc de la mayoría de los legisladores de Morena, PT y PVEM, además de los senadores opositores al gobierno, representa uno de sus mejores activos, ya que la camaradería se ha construido a lo largo de los últimos tres años, lo que lo coloca en una posición envidiable.
Cierto, ya no tiene derecho de picaporte en Palacio Nacional, ni tampoco sus llamadas son atendidas por su principal huésped, pero tiene lo que otros carecen y por ello seguirá siendo un elemento indispensable para que camine en el legislativo las reformas constitucionales que requiere el presidente.
Después de que finalizaron los foros del parlamento abierto en torno a la reforma eléctrica, quedó claro un hecho, que los partidos de oposición mantienen su negativa de aprobarla, mientras que en el flanco oficial, se pertrechan para ni siquiera cambiarle una coma.
Desde luego, la operación de cooptación de voluntades de legisladores, principalmente del PRI, comenzó a darse desde hace unas semanas y por lo que ha expresado el mismo presidente, ya los tienen comiendo de su mano. Claro no a todos los legisladores del tricolor, pero si a una buena parte de ellos, solo los que necesitan para alcanzar la mayoría calificada.
Desde Alejandro Moreno, hasta sus diputados incondicionales que despachan como pluris en San Lázaro, llegado el momento de la definición, votarán a favor de la reforma eléctrica para recibir a cambio, entre otras muchas prebendas, la gubernatura de Hidalgo.
En contraste, en la cámara de Senadores, la cosa es diferente y allí precisamente no hay forma de alcanzar la mayoría calificada, salvo que un personaje que ahora es vilipendiado por sus correligionarios, entre al quite y despliegue sus dotes, para que, con cambios y adecuaciones de fondo, se apruebe la reforma Eléctrica.
Así que hagan sus apuestas señores. ¿Se mantendrá Monreal al frente de los senadores de Morena?, ¿Será él, quien destrabe y de cauce a las negociaciones? O finalmente las reformas quedarán congeladas y el zacatecano se desterrará por voluntad propia.
