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Se tenía que decir… El fiscal debe renunciar. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

22 Mar 2022
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La carta firmada por el exconsejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, en la que denuncia, entre otras cosas, la confabulación de Alejandro Gertz Manero, fiscal General de la República, y Olga Sánchez Cordero, entonces secretaria de Gobernación, para perseguirlo con un modus operandi “extorsivo”, llegó antes de su publicación en la revista Proceso al escritorio del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

El ánimo presidencial no es el mismo después de haber leído la carta. En realidad, que Scherer haya exhibido la trama entre Gertz Manero y Sánchez Cordero, causó en López Obrador una mezcla de coraje y decepción. Ciertamente, el mandatario ha manifestado en muchas ocasiones su confianza en el fiscal Gertz Manero, su aprecio hacia Sánchez Cordero, y su enorme cariño hacia Scherer, a quien ha llamado “mi hermano”.

 

La carta firmada por Scherer, junto con hechos recientes, exhibe el hambre de un fiscal por convertirse en el hombre más poderoso del país, con el control del Poder Ejecutivo mediante la cooptación de una muy débil secretaria de Gobernación, del Legislativo mediante el terror sembrado entre los legisladores, y del Judicial con la cooptación del presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar.

 

Que Gertz Manero esté usando su poder desde la Fiscalía General de la República para sus fines personales hoy resulta ser lo de menos. Antes de conocerse la carta de Scherer se difundió un audio en el que se exhibe al fiscal en un diálogo que muestra los favores que recibe por parte de la Corte, y el uso del poder que le da la Fiscalía para mantener en la cárcel de Santa Martha Acatitla a Alejandra Cuevas Morán, acusada de homicidio por omisión de cuidado de Federico Gertz, quien fue pareja sentimental de Laura Morán, madre de Alejandra Cuevas. Alejandro Gertz Manero acusa que Alejandra Cuevas Morán era garante de Federico Gertz, su hermano, y estaba a cargo de sus cuidados. Sin embargo, la única que desempeñaba ese rol era su madre, Laura.

 

Lo que se suponía era un golpe al fiscal, que quedaba exhibido cometiendo, si no delitos sí irregularidades jurídicas, quedó rebasado muy pronto. La Junta de Coordinación Política del Senado lo citó a comparecer en privado para que explique su proceder, y la reunión terminó siendo un apapacho. Gertz Manero fue tratado como rock star en el Senado. Los legisladores se amontonaban para fotografiarse con él, para saludarlo, para platicar. Se notó la ascendencia del fiscal sobre los senadores.

 

Todo ese poder acumulado en una sola persona es muy peligroso en un país como México, y mucho más peligroso es que esa persona ostente el cargo de fiscal General de la República.

 

La carta de Scherer exhibió a Gertz Manero de una pieza: un ser ambicioso que pretende ser, simplemente, el hombre más poderoso del país. No deja de ser paradójico que Gertz Manero le debe el cargo a Scherer, y que Arturo Zaldívar, quien hoy se muestra como incondicional del fiscal, también le debe la Presidencia de la Corte al exconsejero Jurídico de la Presidencia.

 

El presidente López Obrador debe considerar la remoción de Gertz Manero. Los intereses personales de Gertz lo han llevado a ser un fiscal no confiable. La información que se acumula en la Fiscalía no puede estar en manos de un personaje como lo describe Scherer.

 

Las palabras del exconsejero Jurídico de la Presidencia no pueden ignorarse ni ser consideradas como mero chisme o parte de las diferencias entre miembros del gabinete. El fiscal General de la República debe ser un hombre probo, honesto y confiable. Por lo dicho por Scherer, Gertz no tiene ninguna de esas cualidades.

 

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