El domingo 10 de abril será, quizás, la última ocasión en que el presidente Andrés Manuel López Obrador figure en una boleta electoral. En el ejercicio de revocación de mandato, el mandatario, quien ha sido el principal convocante, no quiere tener un resultado mediocre. Por ello, ha exigido a los mandatarios estatales de Morena que encabecen la movilización en sus entidades para alcanzar, a como dé lugar, las mismas cifras de votación a su favor que las obtenidas en 2018.
Con cerca de 40% menos casillas instaladas en comparación con la elección federal de 2018, y sin recursos para llevar a cabo la movilización de personas, los gobernadores morenistas y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México están preocupados porque saben que difícilmente obtendrán los resultados exigidos por su líder.
Los mandatarios estatales morenistas tienen carta abierta y manga ancha para alcanzar el objetivo. Así lo acordaron con el propio López Obrador.
Por ello el domingo 3 de abril todos ellos y el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, se lanzaron fervorosamente a promover la asistencia y el voto a favor del presidente en la revocación de mandato. Todos ellos, y principalmente el secretario de Gobernación, violaron la ley electoral cínica y descaradamente con el apoyo total de López Obrador.
Esa acción coordinada fue una abierta provocación a la autoridad electoral que, si se apega a la ley, debe sancionar a los mandatarios estatales de Morena y al titular de Gobernación. Pero todos saben que difícilmente el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo harán.
Claudia Sheinbaum es quien tiene mayor presión en la revocación de mandato, pues tiene el hándicap de que las dos pasadas elecciones, la de 2018 y la de 2021, los resultados en la Ciudad de México no fueron plenamente favorables a ella. En 2018 obtuvo 16 puntos por arriba de su más cercana competidora, pero sin duda su impulso fue el efecto López Obrador. El presidente obtuvo 7 puntos porcentuales más en la capital de la República que lo que obtuvo Sheinbaum. En 2021, todos sabemos la historia de que Morena perdió en 9 de las 16 alcaldías capitalinas. La Ciudad de México dejó de ser el bastión de la izquierda, y las otras fuerzas políticas avanzaron como nunca.
Pero también Sheinbaum es quien cuenta con el mayor apoyo presidencial. Si en la Ciudad de México no se alcanza la meta de obtención de votos, no será culpa de ella. Es más fácil remover a Mario Delgado que a la jefa de Gobierno.
A Sheinbaum le permitieron encabezar el evento en el Monumento a la Revolución. “Aunque se enojen los del INE”, justificó la jefa de Gobierno su discurso para promover la revocación de mandato. Su entonación fría e insulsa no pasó desapercibida. La jefa de Gobierno no prendió en el mitin para apuntalar su candidatura.
La desesperación por los resultados del 10 de abril ahora ha escalado a la etapa del descaro y del cinismo. Pasada la revocación de mandato, el presidente y sus seguidores se lanzarán contra el INE para culparlo de que no se alcanzó la votación para hacer vinculante el resultado, lo acusarán de manipular los resultados y en general de todos los resultados no alcanzados. El objetivo será debilitar al Instituto Nacional Electoral para tratar de imponer una reforma electoral a modo.
La revocación de mandato será un fracaso en función de los votos emitidos, pero alcanzará para los fines del presidente. Los opositores denunciarán a los oficialistas, pero nada pasará. La ley, en este gobierno, está para ser violada.
