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Desde San Lázaro. Una ministra estigmatizada. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

20 Ene 2023
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Desde San Lázaro. Una ministra estigmatizada. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/YasminEsquivel_

El escándalo de la ministra Jazmín  Esquivel por el plagio de su tesis ha llegado a una encrucijada que impide proceder en su contra, ya sea con el retiro de su cédula profesional y del título universitario, además del  cargo, porque dicen las instituciones involucradas que existe un vacío legal para proceder en consecuencia.

En estricto sentido, resulta un tanto cuanto irrelevante castigar a la infractora con una medida punitiva cuando la sociedad y los principales colegios de abogados del país  han criticado el plagio, no solo por tratarse de un miembro de la Suprema Corte, sino por las consecuencias derivadas  en la comunidad universitaria que tiene como uno de sus objetivos, titularse cumpliendo con todas las exigencias que marcan todas las escuelas de estudios superiores y más la UNAM que es una de las que exigen más requisitos para alcanzar el anhelado sueño.

La defensa que ha pretendido hacer el presidente López Obrador de la ministra es absurda y carente de fundamentos legales y éticos, amén de buscar victimizarla al ser atacada por la “mafia conservadora”.

Podrán decir misa, pero la ministra ya porta el estigma de manejarse en el ámbito de la ilegalidad y la chapucería.

Dicen los especialistas en derecho que en todos los asuntos del Supremo Tribunal  en donde intervenga, serán altamente cuestionables y quedarán sin efecto en virtud de que, técnicamente, al reconocer la UNAM que plagió su tesis profesional, la señora ministra no califica para ser abogada.

Más allá de los temas legales y sus consecuencias jurídicas, está el hecho que con lo paso del tiempo se habrá quedado registrado el proceder de Jazmín Esquivel en tratar de justificar lo injustificable, el plagio de su tesis profesional para proceder a presentar su examen profesional que la acreditó como licenciada en Derecho.

El síndrome de los servidores públicos bisoños e inmaduros es que se suben a un ladrillo y se marean o  que creen que van a permanecer en el cargo toda la vida.

En democracia las victorias y derrotas no son para siempre, al igual la permanencia de los funcionarios, muchos de los cuales, dejarán de prestar sus “valiosos servicios a la Nación” el 30 de septiembre del 2024 y otros, como el de la ministra cuestionada, pasarán todavía más años, pero al final del día dejarán de “mamar de la ubre oficial”.

Para los egresados de las universidades, sobre todo de la Universidad Nacional, es una afrenta que haya saltado a la luz pública el plagio de una tesis y sobre todo, por tratarse de una ministra que debe ser un modelo de conducta y de comportamiento moral y ético, tanto en su proceder profesional como en su vida personal.

Hay miles de  estudiantes de educación superior que no se han titulado precisamente por carecer de su tesis profesional, por ello, la UNAM y la mayoría de las universidades le ofrecen otras opciones como cursar un diplomado o algunas materias extras para solventar este requisito indispensable para presentarse ante los sinodales que verifican la capacidad académica del postulante.

Tenemos conocidos que logran a los 50 años o más de edad, cubrir con el requisito de la tesis, de los idiomas y del examen profesional para titularse en la Casa Máxima de Estudios.

Ya que estamos en los terrenos de los requisitos exigidos para titularse por la UNAM, también hay que poner en el tintero que muchas universidades privadas, ni siquiera exigen a sus alumnos el examen profesional y menos la tesis o los idiomas, por lo que es momento de que la Secretaria de Educación Pública en donde cobra como titular Leticia Ramírez, se apreste a darle un apretoncito de tuercas a esas instituciones académicas para que se apliquen en preparar  mejor a sus egresados, en lugar de solo preocuparse por el dinero.

Por desgracia, muchas familias que tienen los recursos monetarios suficientes, meten a sus hijos a universidades que tienen fama y prestigio, pero que son  muy laxos en cuanto a los requisitos para alcanzar la titulación. A esas universidades los mueve el interés por el billete, ya que cobran hasta por otorgar el título, aunque el estudiante haya cumplido con todos los trámites académicos exigidos.

Un título universitario exige probidad, credibilidad, capacidad profesional, principios morales y éticos, empero, en la práctica cuantos profesionistas se pasan por el arco del triunfo estos requisitos y van por la vida transando a sus clientes o a sus patrones o a quienes confiaron en ellos.

Veremos en el futuro que tanto más sale a la luz  en la carrera de un personaje público que comenzó su periplo profesional con un plagio y luego continúo con una montaña de mentiras para justificar lo injustificable. 

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