Para los ingenuos que creen que el conflicto entre los taxistas y los operadores de Uber en Quintana Roo se circunscribe solamente a la captación de pasajeros, les diremos que están equivocados, porque lo que está en juego, es la venta de drogas a los turistas por parte de algunos de los choferes y concesionarios del transporte público.
A decir de los turisteros de la región, tanto Ana Patricia Peralta, la presidente municipal de Benito Juárez en donde está asentado Cancún y la gobernadora Mara Lezama son omisas, por decirlo de manera decente, de lo que ocurre con la permisibilidad a los grupos criminales que operan en esa entidad, que por cierto, representa a la gallina de oro en cuanto a la generación de divisas, empleos formales e informales, además de desarrollo regional.
La alarma emitida por el gobierno de Estados Unidos a sus ciudadanos sobre el conflicto, y que ha sido subestimada por el presidente López Obrador, impacta en cancelaciones y contratos a futuro de tour operadores que han hecho de la Riviera Maya a uno de los destinos turísticos más relevantes de los norteamericanos.
Las afectaciones provocadas por los taxistas que en buena parte son obligados a cumplir cuotas muy altas por la venta de drogas, ya representan pérdidas millonarias para los prestadores de servicios turísticos y como van las cosas, sobre todo por la inacción o complicidad de la gobernadora y la presidente municipal, ambas alineadas al Partido Verde Ecologista de México, propiedad del “Niño Verde” Jorge Emilio González y a Morena; el conflicto tiende a extenderse más, sobre todo hacia otras áreas del trasporte público.
Desde luego, no todos los taxistas se prestan a realizar actividades ilícitas, pero si un buen número de los revoltosos, se ven involucrados, porque usan sus vehículos para comercializar enervantes.
Si realmente predominará el Estado de derecho en Quintana Roo y hubiera la voluntad política para terminar el conflicto, se metería en cintura a los rijosos con la intervención directa de la Guardia Nacional y no como simples espectadores, además de las policías ministeriales del Estado y del municipio para terminar el conflicto y sobre todo combatir a los cárteles de la droga que operan en la entidad.
Las dos mujeres gobernantes, Mara Lezama y Ana Patricia Peralta están rebasadas por la violencia y por los grupos de criminales que extienden sus tentáculos por medio de todo tipo de delitos que van desde la extorsión y el cobro de piso, hasta el trasiego de droga, pasando por homicidios, secuestros y robos.
Las grandes cadenas hoteleras y en general los sectores empresariales de la región han solicitado en varias ocasiones la intervención de la gobernadora para impedir que los malosos ahuyenten a los turistas nacionales y extranjeros, además de gobernar con eficacia para combatir los males, muchos de ellos ancestrales, que aquejan al estado.
Para nadie es un secreto que el auténtico gobernador de Quintana Roo es el “Niño Verde” y mientras a este personaje no se le llame a cuentas, pues difícilmente habrá soluciones a fondo sobre la problemática que se vive en la cuna dorada del turismo de México.
Dicen los enterados que la mandataria Mara Lezama tiene “intereses” en los sindicatos de taxis de Cancún y Paya del Carmen desde 2016, quizá por ello, se hace de la vista gorda ante los atropellos de los concesionarios.
La inseguridad en la entidad va en aumento, y en regiones en donde se vivía en santa paz, como en Tulum y Chetumal, se ha complicado porque ya hay presencia relevante de criminales que se disputan esos lugares.
Como se sabe, la operación en actividades ilícitas requiere necesariamente la complicidad de las autoridades y como se observan las cosas, la gobernadora y la presidente municipal de Benito Juárez, ya sea por omisión o por incompetencia, han sido laxas en abatir los índices delictivos.
Ojalá que al presidente López Obrador no lo sigan mal informando sobre lo que ocurre en ese Estado, porque flaco favor le hacen a los quintanarrorenses y en general a todo el país que se ve beneficiado de las divisas que genera esa entidad.
