Un funcionario público que tiene cierto nivel en la estructura orgánica del gobierno y que cuenta con principios morales y con experiencia en ese sector, sabe que en el momento que firman su nombramiento, también están signando su renuncia. Es decir, el cargo no es eterno y en cualquier momento puede terminarse.
La soberbia va acompañada de la ignorancia y del resentimiento en el caso de una buena parte de servidores públicos que ha incorporado la autollamada 4T en la administración pública.
Se suben a un ladrillo y se marean. Son esos “penitontos” con iniciativa y convencidos que no los merece ni el piso por el que transitan.
Su incapacidad la tapan con lanzar culpas al pasado, o más aún a trabas administrativas generadas por ellos mismos.
Ejemplos hay muchos, pero hay varios que se llevan las palmas como es el caso de Ana Gabriela Guevara, quien cobijada por AMLO, se siente tocada por Dios y bajo esa visión, se auto exonera del caos que ocurre en la Conade y por consecuencia en todo el deporte de alto rendimiento.
Si algún atleta osa levantar la voz y denunciar la falta de apoyo para mantenerse en un nivel alto de competencia, de inmediato, viene la guadaña de la directora de la Conade no solo para dejarlo sin apoyos, sino también para desacreditarlo públicamente.
El reciente caso que salió a la luz de las nadadoras de nado artístico, las clavadistas y antes, las jugadoras de futbol americano, que tienen que buscar los apoyos y patrocinios necesarios para continuar en la brega, luego de que Ana Guevara se los negara, so pretexto de que existen diversas disposiciones judiciales y observaciones de los órganos internos de control para liberar los recursos; es otro vívido ejemplo del fracaso de la actual administración.
Esta señora cree que todo mundo es ignorante al esgrimir argumentos legaloides para justificar su fobia y resentimiento contra las atletas, la mayoría mujeres (Eva Longoria, Paola Espinosa, Adriana Jiménez), que han denunciado sus malos tratos, falta de apoyos, retiro de becas y en general la incompetencia administrativa que prevalece en el organismo a su cargo.
El asunto es muy sencillo, si Ana Guevara no puede solucionar el problema que ella misma causó en la Conade, pues que renuncie, en el entendido que el presidente López Obrador la puso al frente de la Conade para exhibir la capacidad que tiene su gobierno para apoyar al deporte de alto rendimiento de México, a tal nivel que los resultados en las justas internacionales sean mejores que los que obtuvieron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto en sus gestiones, aunque ha ocurrido justamente lo contrario.
En los juegos olímpicos a celebrarse en París el próximo año, serán mínimos los buenos resultados y estos serán por méritos propios de los atletas y sus patrocinadores de la iniciativa privada y no por el “vasto apoyo del gobierno de AMLO”.
Guevara siguiendo el ejemplo de su prócer, culpa de su fracaso a todos de sus propios yerros, incluyendo a aquellos empresarios que, en un gesto solidario, han apoyado a esos deportistas mexicanos que están en la élite mundial en sus disciplinas, aunque ello no signifique nada para la sonorense.
Lo hemos dicho en otras columnas, no existe un caso de éxito en la gestión de AMLO ya que todo lo que ha tocado lo ha descompuesto, los ejemplos hablan por si solos, como verbigracia, el deporte de alto rendimiento en donde colocó a una de sus incondicionales al frente de la Conade.
Los resultados son los que hablan y en el caso de la Comisión Nacional en donde cobra como titular Guevara, el balance es muy pobre en lo que respecta a la participación de las delegaciones mexicanos en las justas deportivas internacionales.
Por supuesto no habrá poder humano que convenza al presidente de la incapacidad de su colaboradora y por ello se mantendrá en el cargo en detrimento del deporte, pero eso que importa si el chiste es demostrar quien manda y por ende se puede dar el lujo de mantener a ineptos en cargos públicos.
El maltrato de que fue objeto Ana Guevara cuando era deportista, no le sirvió para no cometer los mismos atropellos de que fue objeto, al contrario, el resentimiento le brota por cada poro por el que respira.
