Las protestas violentas ocurridas el fin de semana contra la gentrificación en la colonias Roma y Condesa de la CDMX es una bomba de tiempo con varias aristas que deben ser consideradas por Clara Brugada, Jefa del Gobierno capitalino y que, por juzgar los hechos, ya fue rebasada por el problema del desplazamiento de las clases sociales populares de las zonas con mayor plusvalía de la capital, generando con ello, un grave problema que, incluso puede vulnerar la gobernabilidad.
Vayamos por partes, una cosa es la justa demanda de los ciudadanos desplazados de sus barrios y colonias a causa de la gentrificación y otra, muy diferente, que los grupos anarquistas, los tomen de pretexto para generar violencia contra personas de origen extranjero, particularmente de nacionalidad norteamericana.
Los disturbios provocados por estos manifestantes “aceitados” por el ala dura del radicalismo de Morena tuvieron el tiempo suficiente para llevar a cabo la destrucción de negocios y autos, de atacar no solo con insultos, sino físicamente a varios extranjeros y todo con la complacencia de las autoridades de la áreas centrales del gobierno, es decir de la oficina de Jefa de Gobierno y sus subalternos.
La violencia fue alentada desde el oficialismo con la actitud complaciente de la policía capitalina y de la Guardia Nacional.
Las autoridades capitalinas se encuentran ante un galimatías que requiere soluciones e inversiones inmediatas para construir más de medio millón de viviendas para acoger a las personas expulsadas.
Ni el gobierno federal y menos el de capital del país, tienen los recursos presupuestales necesarios y ni siquiera hay interés en apostarle a la solución de este problema con tantos recursos presupuestales, mejor prefieren mejor alentar las invasiones, el despojo por delincuentes y por la misma autoridad.
Hay que recordar que hace unos meses pasaron decenas de censores del gobierno por las colonias de mayor plusvalía de la CDMX para detectar inmuebles desocupados o subutilizados para expropiarlos con el pretexto de canalizarlos a viviendas populares, sin embargo, no fue posible llevar a cabo tal atraco, por la furibunda protesta de los dueños y población afectada.
Por desgracia, estas movilizaciones de grupos de choque financiados por Morena, seguirán y con ellas se lleven entre las patas al gobierno de la capital y pongan en riesgo la organización del mundial de futbol a celebrarse el próximo año en la capital del país, Monterrey y Guadalajara, además claro está de la reacción del gobierno de Estados Unidos por las agresiones a sus ciudadanos.
En la Casa Blanca de Washington ya acusaron recibo de los sucesos violentos contra norteamericanos, de hecho, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) DE Estados Unidos, encabezado por Kristi Noem, se burló para justificar su política de auto deportación. En un post en X, el DHS Posteó “Si se encuentra ilegalmente en Estados Unidos y desea unirse en la próxima protesta en la Ciudad de México, utilice la aplicación GBP Home para facilitar sus salida”; y en otro, se mostraron imágenes de las protestas donde se insultaba a extranjeros y se exigía “aprender español”, “pagar impuestos” o “México no es tu hogar” , expresiones que son utilizadas para justificar los operativos contra migrantes mexicanos asentados en la Unión Americana.
Si solo observamos una cara de la moneda, diríamos que las protestas contra la gentrificación es legítima, sobre todo porque en lo que va de este siglo desde el mismo gobierno de izquierda (PRD y Morena) que ha gobernado la capital de todos los mexicanos, ha impulsado con incentivos fiscales y toda clase de apoyos para regenerar el espacio urbano de varias zonas de la CDMX que ahora precisamente son las de mayor plusvalía como el mismo Centro Histórico y los corredores de la Roma, Condesa, Juárez y Polanco, en donde los mismos dueños de los inmuebles también han invertido cantidades millonarias para hacer más atractivas sus viviendas para rentarlas a mayores precios.
La expulsión de más de 20 mil familias por la gentrificación a zonas periféricas o al Estado de México, no son provocadas, ni un acto irracional por parte de población con mayor poder adquisitivo, sino una consecuencia casi natural de las políticas de gobierno para detonar esos polos de desarrollo.
Veremos en qué momento intervendrá la presidenta Claudia Sheinbaum para solucionar el problema sobre todo porque, cuando ella era Jefa del gobierno de la capital, ya tenía la bomba de tiempo de la gentrificación, pero no hizo nada para desactivarla.
“Las muestras xenofóbicas hay que evitarlas. No se pueden justificar”, advirtió la presidenta con justa razón.
