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Desde San L谩zaro. CNDH; ausente y alineada al poder. Por: Alejo S谩nchez Cano Destacado

28 Ene 2026
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Desde San Lázaro. CNDH; ausente  y alineada al poder. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/CNDH

La Comisi贸n Nacional de los Derechos Humanos dej贸 de ser un contrapeso del poder para convertirse en un ap茅ndice inc贸modo solo para las v铆ctimas. Bajo la conducci贸n de Rosario Piedra Ibarra, la CNDH no protege, no incomoda y, en los hechos, tampoco defiende. Administra silencios, justifica omisiones y reduce la defensa de los derechos humanos a un ejercicio ret贸rico sin consecuencias.

La presidenta de la CNDH compareci贸 el lunes pasado 聽ante la Comisi贸n Permanente del Congreso de la Uni贸n. No acudi贸 a rendir cuentas, sino a leer. Ley贸 un texto alusivo a su informe de labores 2025, cuidadosamente desprovisto de cualquier referencia a la tragedia que vive el pa铆s. En su discurso no hubo desaparecidos, no hubo madres buscadoras y tampoco hubo una sola menci贸n al reclutamiento forzado de j贸venes por parte del crimen organizado. La ausencia no fue casual: fue deliberada.

Ese mismo patr贸n de evasi贸n se repite cada vez que Rosario Piedra se enfrenta a la prensa. Su relaci贸n con los medios ha estado marcada por el desd茅n, la incomodidad y, sobre todo, por el temor a los cuestionamientos directos. No hay di谩logo, no hay apertura y mucho menos disposici贸n a responder preguntas inc贸modas sobre las omisiones de la CNDH. La presidenta de la Comisi贸n parece m谩s preocupada por evitar micr贸fonos que por atender a las v铆ctimas.

En San L谩zaro, su comportamiento ya es conocido. Cuando acude a la C谩mara de Diputados, Rosario Piedra evita sistem谩ticamente el contacto con reporteros. No concede entrevistas, no responde cuestionamientos y reh煤ye cualquier intercambio que no est茅 previamente controlado. La rendici贸n de cuentas, en su l贸gica, es un tr谩mite inc贸modo que debe resolverse con discursos le铆dos y salidas apresuradas.

No es una met谩fora: su costumbre es abandonar el recinto legislativo por la puerta de atr谩s. Mientras los reflectores y las preguntas la esperan en los accesos principales, la presidenta de la CNDH opta por salir huyendo rumbo a los estacionamientos subterr谩neos de San L谩zaro. El gesto es simb贸lico y revelador: quien encabeza la defensa de los derechos humanos en M茅xico le da la espalda a la prensa y esquiva al escrutinio p煤blico.

Esa actitud define hoy a la CNDH. En un pa铆s con m谩s de cien mil personas desaparecidas, el organismo encargado de la defensa de los derechos humanos decidi贸 borrar del discurso institucional a las v铆ctimas y esconderse del debate p煤blico. Para miles de familias que buscan a sus hijos, la Comisi贸n se ha convertido en una oficina lejana, burocr谩tica y pol铆ticamente alineada con el poder al que deber铆a vigilar.

La reducci贸n de la CNDH no es presupuestal ni administrativa; es moral y pol铆tica. La instituci贸n se ha hecho peque帽a porque renunci贸 a incomodar. Porque prefiri贸 la cercan铆a con el gobierno antes que la autonom铆a. Porque cambi贸 la defensa de los ciudadanos por la protecci贸n del discurso oficial.

Esa peque帽ez tambi茅n se refleja en otros frentes donde el Estado ha fallado de manera estrepitosa. El desabasto de medicamentos persiste y el derecho a la salud sigue siendo una promesa incumplida. Ni帽as y ni帽os con c谩ncer, pacientes cr贸nicos y adultos mayores contin煤an pagando el costo de un sistema de salud p煤blica que no funciona. La CNDH observa, registra y archiva, pero no presiona ni exige.

A ello se suman los excesos de las Fuerzas Armadas, la Marina y la Guardia Nacional. En un pa铆s crecientemente militarizado, las denuncias por detenciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza y violaciones a derechos humanos se acumulan. Sin embargo, la Comisi贸n ha optado por una prudencia pol铆tica que raya en la complacencia. La defensa de los derechos humanos no admite matices ni lealtades: o se ejerce con independencia o se traiciona.

Desde San L谩zaro, incluso legisladores del oficialismo reconocen en privado que la CNDH ha perdido peso espec铆fico. Ya no marca agenda, ya no incomoda al poder y ya no representa una voz moral frente al Estado. Su previsibilidad la ha vuelto irrelevante, y la irrelevancia es letal para un organismo que deber铆a ser inc贸modo por definici贸n.

La paradoja es contundente: nunca como ahora M茅xico hab铆a necesitado una Comisi贸n Nacional de los Derechos Humanos fuerte, activa y aut贸noma. Y nunca como ahora la ha tenido tan ausente. Sin una CNDH eficiente, los mexicanos han quedado a merced de los excesos del poder p煤blico, abandonados por la instituci贸n que deb铆a ser su 煤ltima l铆nea de defensa.

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