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Desde San Lázaro. Alternancia política en la CDMX. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

03 Jun 2026
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Desde San Lázaro. Alternancia política en la CDMX. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de. https://x.com/ClaraBrugadaM

A ocho días de que la Ciudad de México se convierta en el ombligo del orbe con motivo de la inauguración de la Copa Mundial de Futbol, la capital del país enfrenta una realidad muy distinta a la que pretende proyectar el gobierno de la 4T. Problemas de gobernabilidad, crisis en el transporte público, creciente percepción de inseguridad, deterioro urbano y una evidente falta de resultados han comenzado a pasar factura a la administración de Clara Brugada.

La imagen resulta paradójica. Mientras millones de pesos son destinados a campañas de imagen urbana para pintar calles, estaciones y mobiliario público primero de morado y luego de amarillo, así como para reproducir hasta el cansancio la figura del ajolote, anfibio endémico de México, los problemas reales de la ciudad se agudizan.

El ajolote aparece en bardas, autobuses, estaciones de transporte, espacios públicos y hasta en los accesorios personales de la jefa de Gobierno. Sin embargo, detrás de esa estrategia propagandística se esconde una administración que no logra conectar con las preocupaciones cotidianas de los capitalinos.

La apuesta por construir una identidad visual basada en un prodigio de la naturaleza -el ajolote- parece haber terminado convertida en una metáfora involuntaria de la propia gestión capitalina: un ajolote en peligro de extinción que pierde fuerza conforme avanza el tiempo.

Las cifras comienzan a reflejar esa realidad. La más reciente encuesta de El Financiero registra una caída significativa en la aprobación de Clara Brugada de 5 puntos porcentuales para ubicarse en 56 por ciento en el mes de mayo, encendiendo con ello señales de alarma en Palacio Nacional y en las oficinas de Morena. La mandataria capitalina no solamente enfrenta el desgaste natural de los primeros meses de gobierno, sino que además exhibe dificultades para consolidar liderazgo propio y generar resultados tangibles.

La Ciudad de México históricamente ha sido considerada el principal bastión electoral de la izquierda mexicana. Desde 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la primera elección para jefe de Gobierno, la izquierda ha gobernado ininterrumpidamente la capital del país. Han pasado casi tres décadas de administraciones emanadas primero del PRD y posteriormente de Morena.

Durante ese periodo, la ciudad fue construyendo una identidad política claramente progresista que parecía inamovible. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años sugieren que ese predominio comienza a mostrar signos evidentes de agotamiento.

La derrota de Morena en amplias zonas de la capital durante los comicios intermedios de 2021 fue una primera advertencia. La recuperación parcial observada posteriormente no eliminó el malestar ciudadano que continúa acumulándose por temas tan sensibles como movilidad, seguridad, servicios públicos y calidad de vida.

Hoy, Clara Brugada parece atrapada entre dos presiones. Por un lado, una izquierda que le exige radicalizar políticas públicas y profundizar el proyecto de la Cuarta Transformación. Por el otro, una oposición que encuentra cada vez más espacios para capitalizar el descontento ciudadano.

Lo preocupante para Morena es que la jefa de Gobierno luce rebasada en ambos frentes.

Para acabarla de amolar, un grupo minoritario del magisterio, la CNTE, desquicia el Centro Histórico de la capital y pronto se sumarán otros colectivos inconformes con el gobierno local y federal.

A ello se suma la presión internacional derivada de la celebración del Mundial. La Ciudad de México tendrá los ojos del planeta encima y cualquier deficiencia en materia de movilidad, seguridad o servicios quedará expuesta ante millones de visitantes y espectadores.

Por ello resulta difícil comprender por qué la prioridad gubernamental parece concentrarse en campañas estéticas y de propaganda cuando existen desafíos mucho más urgentes que atender.

La preocupación en Morena va más allá de la propia capital. Clara Brugada estaba llamada a convertirse en una pieza fundamental para respaldar políticamente a la presidenta Claudia Sheinbaum y contribuir con resultados positivos que fortalecieran el proyecto nacional de la Cuarta Transformación. Hasta ahora, eso no ha ocurrido.

Por el contrario, la mandataria capitalina parece convertirse en uno de los principales flancos vulnerables del oficialismo.

Si la tendencia de desgaste continúa, las consecuencias podrían extenderse mucho más allá de la Ciudad de México. La capital ha sido históricamente el laboratorio político de la izquierda mexicana y el principal generador de cuadros, liderazgos y estructuras electorales. Una eventual pérdida de ese bastión tendría repercusiones nacionales.

Quizá por ello comienza a tomar fuerza una hipótesis que hace apenas unos años parecía impensable: que Clara Brugada podría convertirse en la última gobernante de izquierda de la Ciudad de México.

Falta tiempo para las elecciones de 2030 y la política mexicana suele dar giros inesperados. Sin embargo, los síntomas están ahí. El desgaste gubernamental, la pérdida de confianza ciudadana y la ausencia de resultados visibles comienzan a abrir la puerta a una eventual alternancia política en la capital del país.

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