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Transporte público gratuito en la contingencia. Por Mario Sánchez M. Destacado

20 May 2017
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Las medidas para combatir la polución en la megalópolis castigan a los que menos tienen. No solo al restringirles la circulación por  carecer de vehículos nuevos, sino al apretarles aún más la economía familiar al incrementar los gastos de transportación  cuando hay contingencia ambiental, ya que tienen que pagar más por dejar sus viejos automóviles o esperar más tiempo por la saturación en el transporte público,  impactando con ello en sus actividades productivas, escolares y aún familiares.

Aunque la contaminación afecta a todos, pues los más pobres tienen menos recursos para tratarse los efectos de respirar veneno y acudir a los centros de salud  que son gratuitos y que están saturados.

La insensibilidad de las autoridades ambientales al restringir la movilidad sin antes implementar una serie de acciones para apoyar al grueso de la población quien, insistimos son los que mayormente pagan los costos.

Desde hace un año cuando se dispararon los niveles del ozono en la temporada de más calor, las autoridades de la CDMX y del Estado de México, así como del propio gobierno federal, tuvieron el tiempo suficiente para que en la próxima contingencia ambiental poner en marcha un conjunto de acciones, precisamente para apoyar a la población particularmente a los que menos tienen.

Fueron más de doce meses que pasaron y no hicieron nada, solo confiar que la madre naturaleza limpiara la suciedad que generan los humanos.

Deberían,  al restringir la movilidad de los vehículos, detonar un programa emergente de gratuidad en el transporte público, tanto en el Metro como en los camiones y microbuses.

El transporte público debe ser gratuito durante las contingencias. Además,  debe haber más corridas en el Metro y en el transporte eléctrico. De igual manera,  los taxis tienen que  aplicar tarifas que estén por abajo del 50 %.

Ya tuvieron un año para impedir que las chimeneas que circulan en las calles, disfrazadas de camiones, microbuses, camiones de basura y materialistas los sacaran de la circulación. Esos sí que contaminan y nadie les dice nada.

La contaminación ambiental contaminó también el cerebro de los miembros de la Comisión Ambiental de la Megalópolis y no los deja pensar ni actuar para proteger a la ciudadanía no solo de los efectos de la polución, sino en el impacto en la economía familiar  y en la movilidad.

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