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Desde San Lázaro. Meade o Anaya. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

18 May 2018
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Con la salida de Margarita Zavala se hizo un perfilar el resultado final de la elección presidencial que aún no está definido

En las próximas seis semanas. A partir del segundo debate, ocurrirá entre los electores, que aún no significa el sentido de su voto, una serie de decisiones que no necesariamente son como las apuntadas.

 Esta opinión, desde luego contraria a lo que señalan los analistas y obviamente los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, se basa en un aspecto fundamental sobre la decisión que hacen los electores en torno al sentido de su voto.

El 20 por ciento de la ciudadanía en edad de votar, decide la intención de su voto, dos semanas antes de los comicios y hay un 10 % que los hace a pie de casilla. Es decir, no hay nada para nadie ya que ese universo de indecisos inclinará la balanza hacia el lado del ganador de la elección.

La salida de la ex primera dama de la contienda presidencial, le quita a un sector de la población el conflicto personal de tomar una decisión en favor de determinado candidato. Al ser solo tres, quitemos al Bronco, y no ser simpatizante del AMLO, pues solo tiene dos opciones,  la cual ira decantando conforme a  diversos factores que se den en la recta final de las campañas.

¿Cuáles son estos? El principal: la habilidad que tenga José Antonio Meade o Ricardo Anaya de conectarse emocionalmente en función de su personalidad, oferta política y de su trayectoria personal, en la cual es definitivo,  no tener cadáveres en el closet.

Hasta ahora, ninguno de los dos ha conectado con ese electorado ciertamente apático,  pero no dormido, por lo que es vital para sus aspiraciones que despierten su interés.

Meade es el que está haciendo esfuerzos consistentes en ese sentido, al mostrarse menos rígido y más empático. En las últimas entrevistas con medios de comunicación y en sus eventos públicos, ha mostrado un discurso renovado y una imagen diferente, lo que seguramente le granjeara nuevas simpatías.

En contraparte a Anaya se le observa en la misma tesitura. Un político con un  buen discurso pero frio y una imagen anodina. Da la apariencia de un joven viejo.

En el otro aspecto; el de la honradez y conformación del patrimonio personal y familiar, definitivamente José Antonio está limpio,  en contraste con Ricardo, quién además de la triangulación de recursos para lavar dinero, tiene otras propiedades que ya están en la mira, no solo de sus adversarios, sino de las autoridades correspondientes.

Yo no estaría tan confiado si fuera AMLO ya que se puede llevar la sorpresa de su vida al sufrir una nueva derrota, precisamente provocada por los que aún no definen su preferencia electoral.

El espejismo de las encuestas, ha servido como un instrumento de promoción. Un instrumento más de campaña. Tal vez igual de eficaz que el spoteo indiscriminado, pero definitivamente no corresponde a un evento que sucederá dentro de 45 días.

Todos se van con la finta de la consistencia en los estudios demoscópicos que han señalado desde hace varios meses al Peje como el puntero, sin embargo, nadie los analiza otros factores que definitivamente hicieron cambiar el resultado.

En la gran mayoría de los casos, las encuestas son de quienes pagan y de quién trabaja y es una total mentira que las muestras que usan para soportarlas señalan una preferencia a nivel nacional.

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