Vaya forma de hacerse el harakiri antes de ser presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, al mellar la confianza en México, como país receptor de inversiones y capitales.
El tema de la cancelación del aeropuerto de Texcoco no solo versa sobre el daño a los contratistas y proveedores de la magna obra, ni en la conectividad del país, ni en el impacto en la economía y el turismo sino en la credibilidad que como país, se debe construir con las propias acciones de gobierno.
Estamos hablando de confianza, credibilidad y también percepción y en los tres conceptos el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha sido auto vulnerado y por desgracia, el pueblo mexicano, también.
No importa si es la mafia del poder, los fifís, los corruptos o los chairos, en esta ocasión el daño es parejo.
No se trata de observar el movimiento coyuntural del valor del dólar, eso solo es la punta del iceberg de una serie de acciones que se verán reflejadas en los próximos meses y que principalmente impactarán en el crecimiento del PIB y en otros indicadores que registran el crecimiento económico, como por ejemplo, la generación de empleos.
Si López Obrador cree que engañó a sus detractores con su amañada consulta, está en un error, el timado fue él, porque se dio un tiro en el pie a un mes de que asuma la presidencia.
Ahora al Paquete Económico para el 2019, deberá, forzosamente, buscar más ingresos, en virtud de que los gastos se elevaron exponencialmente con el pago de indemnizaciones y demandas correspondientes por la cancelación del NAICM, así como los recursos para iniciar las pistas de Santa Lucía, remodelación del aeropuerto Benito Juárez y el de Toluca, amén del presupuesto que requiere el proyecto ejecutivo del Tren Maya.
Estos son solo algunos nuevos impactos al presupuesto del próximo año, que el mismo Obrador decidió causarlos, falta lo relativo a la descentralización de las dependencias de gobierno así como la liquidación de cientos de burócratas por su retiro y claro, la construcción de refinerías.
Y no hay que olvidar los apoyos a los ninis y a otros grupos vulnerables.
A partir de la definición del presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos, se apreciará en la cruenta realidad, el impacto de las decisiones del nuevo gobierno en las finanzas públicas.
La principal línea de acción del plan de gobierno de AMLO está sustentada en el asistencialismo como una herramienta de control sobre su clientela social y no en activar el círculo virtuoso de la productividad y el empleo, de hecho las cifras alcanzadas en este rubro, en el actual sexenio, casi cuatro millones, no se obtendrán en la administración de Andrés Manuel.
Los diputados y senadores de Morena, con mayoría abrumadora en el Congreso, van a parir chayotes para buscar ingresos extraordinarios para cristalizar los deseos y promesas de su jefe Obrador.
Si no es mediante el incremento de impuestos y de la base tributaria; endeudamiento o echar andar la maquinita de impresión de más circulante, pues no hay forma de solventar un presupuesto oneroso.
Ante la falta de dinero público, podría compensar el capital privado, pero ellos, en lo que menos piensan es en apostarle a México con un gobierno que no respeta el estado de derecho.
Así que mientras en el cuartel de AMLO y sus operadores de la consulta celebran hasta el paroxismo el éxito de su misión, en buena parte de la sociedad, existe una especie de desaliento y sentimiento de traición, incluso en aquellos que confiaron en López Obrador y que no necesariamente pertenecen a clases sociales bajas o marginadas.
