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Desde San Lázaro. Quién cae primero. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 Abr 2019
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Las apuestas están al orden del día sobre cuál será el primer miembro del gabinete del presidente López Obrador  en “renunciar”, ya por motivos de salud o para incorporarse a otras responsabilidades.

Tanto del fuego amigo, como de los conservadores o de plano, de ociosos, ilusos y  mentes calenturientas. Un día, despiden a Olga Sánchez Cordero, de Segob; otro, al senil,  Javier Jiménez Espriú, que cobra en la SCT; ahora, Al canciller  Marcelo Ebrard y pasado mañana a la titular de la secretaria del Bienestar, María Luisa Albores, con eso de que anda desapareciendo niños de las estancias infantiles.

Lo cierto es que la forma de gobernar de AMLO está rompiendo paradigmas y códigos políticos, por lo que si alguien  se siente  olvidado por el Tlatoani, pues no debe alarmarse, ya que ese es el estilo, es la forma de gobernar.

Él tiene su propia manera de evaluar y su pulso para templar a sus colaboradores. Las conferencias mañaneras son origen y destino.

No hay más, ni siquiera un Plan Nacional de Desarrollo, vamos ni siquiera un proyecto de intenciones por secretaria, solo existe la coyuntura, la ocurrencia y por supuesto, el tema político-electoral.

Es precisamente la coyuntura y los movimientos de quien tiene el control sobre las piezas de ajedrez lo que impone la agenda de los colaboradores del presidente.

Ya se ha escrito hasta el cansancio sobre la rutina cotidiana del huésped de Palacio Nacional y de su cosmovisión sobre cómo reaccionar y de que va a decir a ese su público que está ávido de sus posicionamientos para replicarlos en sus comunidades.

Es un experto en mandar pelotas con jiribilla y en crear distractores que tienden cortinas de humo ante los temas escabrosos.

Sobre estas señales, sus colaboradores construyen escenarios y acciones en un ejercicio que responde más a interpretaciones que a órdenes directas.

Por ello, se dan los desmentidos. Mientras unos creen que ya descifraron el código, otros, se hacen engrudo con los mensajes encriptados.

Los subalternos tocan de oído, sin ninguna partitura.

Así le ha pasado al subsecretario de la SHCP, Arturo Herrera quien le han tapado la boca en los temas de la refinería de Dos Bocas y ahora con la tenencia federal.

Igual pasa con Jiménez Espriú que cuando cree que ya encontró el hilo negro, pues nada, que anda perdido. Su más reciente declaración en torno a la cancelación del aeropuerto de Texcoco, en la que señaló que no fue la corrupción el motivo de terminar con la mega obra, le mereció que le enmendara la plana el presidente de la república.

Cierto, más de uno de los secretarios y titulares de las descentralizadas y empresas productivas del Estado, como Pemex y CFE andan con el Jesús en la boca, por eso de que, en una de esas, sí tiene razón la prensa fifí  y son corridos.

Lo que subyace en todo el asunto, es que prevalece la incapacidad y la improvisación que se detona en seis áreas de gobierno;  económica,  gobernabilidad, seguridad pública, política internacional, programas sociales y energía.

Los datos duros, tanto del propio gobierno, como los que registran los organismos internacionales avalan la aseveración.

Así las cosas, los encargados de las carteras tienen razón por sentirse inquietos y en  estado de desasosiego en virtud de que no saben en qué momento saltará una bomba que pueda explotar en sus manos.

Así que hagan sus apuestas sobre quién cae primero,  porque yo ya tengo mis pronósticos.

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