Con los días se diluye la esperanza y se acrecienta la incertidumbre. Las mañaneras lejos de despejar dudas las aumenta. El mensaje presidencial, en la mayoría de los casos, mella la confianza en el país. Los capitales se alejan y las inversiones buscan otros horizontes.
Los anuncios del arranque de dos obras insignes para el nuevo gobierno, causan hilaridad y desconfianza. Uno, el aeropuerto de Santa Lucia, que no podrá despegar al nivel de lo que se echó para atrás. Mientras que el NAICM era un portento de ingeniería y de ubicarse entre los más grandes del mundo, generando con ello un impacto favorable en todos los sectores de la economía, el de Santa Lucía no tiene ni siquiera el aval de los vecinos de la zona, ya no digamos de las autoridades aeroportuarias del mundo y de sus ventajas, pues no hay ninguna que la haga más competitiva que el de Texcoco.
El daño al patrimonio de la nación por la cancelación del aeropuerto aún no se cuantifica en su totalidad, pero representa el más grande de la historia contemporánea del país.
Dos; La refinería de Dos Bocas en Tabasco es otro vil ejemplo de lo que no se debe hacer en materia de mantener la soberanía energética y en el cuidado de los impuestos que pagan el sector productivo del país, amén del daño ambiental y ecológico.
Luego de un proceso por decirlo de forma elegante, poco transparente, se eligieron a proveedores internacionales para hacer la refinería, todas ellas con señalamientos de corrupción en varias partes del mundo. Después de analizar las propuestas técnicas y económicas para la construcción, se tomó la decisión de que era mejor que el gobierno la hiciera y se nombró para ello a alguien que no tiene la menor idea, ni experiencia en la construcción de refinerías, Rocío Nahle, pero bueno ese es un nimio detalle.
El presidente dijo que la obra será construida por Pemex en coordinación con la Secretaría de Energía con un presupuesto de 160 mil millones de pesos, en un periodo de tres años.
“Se va a construir la refinería por Pemex y Energía. Esto nos va ayudar a terminarla a tiempo y cumplir con nuestra palabra. Y es un desafío hacerla en tres años y que nos cueste mucho menos de lo que estiman las empresas”
Tan solo un dato, la rehabilitación de las seis refinerías que hay en el país, requieren 3 mil millones de dólares, además de arrancar con Dos Bocas, lo que hace inviable todo el proyecto de AMLO, sin embargo, esto tampoco es relevante.
Se ha dicho hasta el cansancio que en lugar de tirar dinero bueno al malo, se debe apostar por las energías limpias y renovables, como la solar, la geotérmica, la eólica, entre otras, en lugar de dar un salto al pasado.
Ni Santa Lucía suplirá al NAICM, ni Dos Bocas, terminará con la dependencia en gasolinas y diésel que tiene el país, con el extranjero.
En el mejor de los casos, ni el llamado aeropuerto patito atenderá la creciente demanda, ni Dos Bocas será la panacea energética.
Dos obras condenadas a la inoperatividad que servirán de ejemplo y prototipo de lo que no se debe hacer.
El tiempo pondrá las cosas en su lugar, empero el tiempo y el recurso perdido en ambos proyectos, será irrecuperables y dentro de seis años, seguramente le echarán la culpa a la mafia del poder por representar un monumento a la obstinación y a la ineptitud.
