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Palabra Tras Banderas. Los mitos de la mal llamada cuarta transformación. Por Pepe Rocello Destacado

01 Oct 2019
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Las transformaciones en nuestro país han ido delineando nuestra realidad actual, en donde los cambios estructurales resultantes de cada movimiento generan condiciones distintas a los que motivaron el proceso de gestación de los mismos.

Así la conformación de los inicios de nuestro país, surge por un equilibrio regional de los pueblos originales en el territorio, que hoy concebimos como México. Este equilibrio se basaba en el poderío territorial militar o velico que cada uno de estos pueblos ejercía a los pueblos que tenía a su alcance, transformando en territorios controlados por poderes regionales, que se expresaban en señoríos o provincias con sus respectivas autonomías, resultado de ese equilibrio territorial.

En ese momento se magnificaron los mitos fundacionales de este equilibrio en exaltar las características y capacidades bélicas y ferocidad de cada uno de los líderes en su momento para garantizar el estatus quo de la región.

La primera gran transformación estructural de nuestro país se presenta en el momento de la conquista por un poderío superior expresado en la capacidad letal tecnológica que traían en ese momento los invasores españoles. Esa superioridad bélica manifiesta concluye con la sustitución de los poderes y equilibrios territoriales preexistentes y la instauración de un poder externo que sienta sus reales y establece nuevas relaciones de poder y una nueva estructura territorial, surgiendo las provincias virreinales producto de la conquista y posterior colonización y mestizaje de nuestra población en nuestro territorio.

Este proceso no estuvo exento de mitos fundacionales, el águila en el nopal en el islote en el lago de Texcoco, que fue una imagen que permaneció y permanece dentro de nuestros grandes mitos nacionales y las voces que no pararon en pregonar que la conquista y colonización se sustentó en repetir que los pueblos originarios eran inhumanos, que sacrificaban y extraían corazones y los devoraban en actos públicos en la zona ceremonial de sus asentamientos poblacionales y que no conocían a dios.

No se destacó que eran pueblos muy espirituales, no basados en la veneración de una imagen o estereotipo de una deidad con superpoderes y figura humana y monoteístas; que eran politeístas y que tenían una cosmovisión que explicaba el origen no solo del ser humano, del mundo y sus alrededores; que tenían capacidades arquitectónicas excepcionales y que mantenían una relación con el medio ambiente armónica; que tenían un sistema de comercio basada en el trueque y una organización de pueblo y de los pueblos basada en las mayordomías que expresaban el traslado de dominio y representación de los pueblos, y un enorme etcétera.  

A pesar de ello, así inició nuestra vida colonial que concluye con otro cambio estructural profundo, la independencia, que se argumenta sobre los mitos de libertad y emancipación por los abusos de los peninsulares, proceso que en su motivación no señala que son las castas las que tenían el control político administrativo de nuestro territorio: españoles peninsulares; hijos de españoles nacidos en México o criollos, mestizos producto del proceso de reproducción de clases españolas con integrantes de nuestros pueblos originarios y en el último escalón se encontraban los integrantes de nuestros pueblos originarios.

El gran mito era que el movimiento libertario estaba basado en el reconocimiento de los actos impúdicos coloniales del imperio español hacia nuestros pueblos originales, lo cual nunca sucedió y que el actual presidente, basado en la historia, pidió un perdón justo al imperio español.

Posteriormente se da el proceso de reforma, en donde se pretende desterrar a uno de los aliados de la independencia, al clero y que resulta en la desamortización de los poderes económicos y políticos eclesiásticos, la extinción de los latifundios y la instauración del federalismo en sustitución del centralismo monárquico e imperial de los intentos de reconquista de imperios extranjeros sustentados en el mito del establecimiento de poderes para enfrentar a las potencias extranjeras en sus afanes expansionistas y que resulta en los mitos de la instauración de la república.

Lo que no se dijo, es que la apuesta de libertad se basaba en la necesidad de que México se convirtiera en un país con sólo propiedad privada, individual, y se desapareciera la propiedad comunal, o sea la de las corporaciones, como entonces se les llamaba a las comunidades.

Esto sentó las bases para el mito revolucionario, en el proceso de justicia social del reparto agrario y la consolidación de las tierras comunales y ejidales resultantes de este proceso, y en la instauración de un proceso democrático de la no reelección y sufragio efectivo, que planteaba desterrar la permanencia de una persona en el poder y recuperar el federalismo en contra de los intentos del centralismo impulsado por los intereses de los terratenientes del norte del país.

El mito que permaneció de este proceso es el de la justicia y el reparto agrario lo que no se ha consolidado y mucho menos es una realidad en nuestro país.

Posterior a este proceso se establece como resultado los gobiernos militares de este periodo en la instauración del estado social, basado en el mito de la gratuidad de los servicios que presta el gobierno y en la institucionalidad de la vida constitucional de nuestro país, y de la separación del poder eclesiástico plasmado en la laicidad del estado mexicano.

Así surge la primera reforma antiliberal con el impulso a la economía mixta, en donde el estado asume una responsabilidad directa en la producción como propietario y productor de bienes y prestador de servicios.

Como resultado del poder hegemónico del estado, genera una creciente inconformidad social por la presencia omnipresente del gobierno en todos lados y que de manera coyuntural se expresa en lo que resultó de un incidente menor de estudiantes bachilleres de las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional en contra de la escuela particular Isaac Ochoterena (incorporada a la UNAM), y que derivó en un pésimo operativo de la policía local y que resonó en todos los espacios estudiantiles y que conformó el mito fundacional de la izquierda en México y de la represión sistemática de estado mexicano hacia sus estudiantes y el reclamo de democratización y respeto a los derechos humanos.

Esto y el crecimiento no sustentado de la burocracia mexicana, producto del expansionismo estatal, trajo como consecuencia la instrumentación de las políticas de ajuste presupuestal y compromiso social del salinismo y la destrucción de la estructura corporativa del priismo a través de sus grandes confederaciones sectoriales, CNC. CTM, CNOP y MT, construyéndose un nuevo corporativismo con los comités de solidaridad que resultó en la creación de la SEDESOL, basada en el mito del combate a la pobreza y que uno de los actores políticos emblemáticos de las políticas de ajuste, Pedro Aspe las señaló no solo como mito, sino mito genial, pero al final mito.

Junto con ello, tomó carta de naturalización el término de neoliberalismo, haciendo referencia al principio de acuerdo mundial sobre las recomendaciones de buen gobierno, generadas a partir de los organismos multilaterales del pacto de Bretton Woods, que busca fijar las reglas de las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados y de los países en vías de desarrollo, incluyendo los BRICS, para no repetir las malas enseñanzas del periodo de entreguerras mundiales y la crisis financiera de los veintes y el deterioro de las economías totalitarias del bloque del socialismo real.

Si tomamos en cuenta esas etapas de nuestra historia, o que se plantea como la cuarta transformación, bajo los preceptos que plantea, sería como la sexta y ésta se basa en tres mitos, el combate al neoliberalismo, al dispendio público y a la corrupción y con ello se instaura un régimen populista neo estatista y neo corporativo, con sus instrumentales la guardia nacional y los siervos de la nación, del actual gobierno, como tránsito de un gobierno socialista, impulsados no por pocos bolchevices en el gobierno, en las universidades públicas y en MORENA, PT y algunos en lo que queda del PRD. 

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