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Se tenía que decir… Del saving México al using México. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

02 Oct 2019
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Las gestiones de gobierno de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador son diametralmente opuestas. Más allá de si se debe o no creer en las palabras de un presidente, o se debe esperar a los resultados para observar la realidad de la gestión de gobierno, la retórica de Peña Nieto y de López Obrador caminan por muy distintos caminos.

 

Sin embargo, ambas gestiones dan luces para apreciar cómo se desenvuelven la sociedad y la clase política en México. Además, si algo hace similares a ambos gobiernos es que son los primeros dos que se enfrentan de lleno a la comunicación no tradicional, es decir, a las llamadas redes sociales y sus efectos de comunicación.

 

Es innegable que el gobierno de Peña Nieto fracasó en su manejo de la comunicación. Si bien es cierto que en los primeros dos años de gobierno la administración peñanietista parecía tener bajo control la imagen y la comunicación que se transmitía, con eventos y escenarios controlados, poco a poco los golpes de realidad fueron derrumbando esa imagen.

 

El “saving Mexico” y el “mexican moment” fueron efímeros, pero en algunos sectores de la población generaron la esperanza de que, por fin, nuestro país saltara al desarrollo. Simplemente hay que recordar que el gobierno de Peña Nieto empezó con un inédito gran golpe, al lograr conjuntar las voluntades de todas las fuerzas políticas para llevar a cabo el Pacto por México, y posteriormente las 13 reformas sociales, económicas y políticas que ponían en ese momento a México en la antesala del ansiado desarrollo.

 

No obstante, para nadie es un secreto que la llamada casa blanca y el trágico evento de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, entre otros eventos, terminaron por golpear fuertemente la imagen del peñanietismo.

 

Por otra parte, si algo ha distinguido al gobierno de Andrés Manuel López Obrador es su manejo de la comunicación gubernamental. Totalmente centralizada, la comunicación del lopezobradorismo se maneja desde Palacio Nacional cada mañana. Previamente, el presidente se reúne con su gabinete de seguridad para recibir los reportes del día anterior, y curiosamente ese esfuerzo mañanero parece no dar resultados tomando en cuenta la creciente inseguridad en el país y el aumento de las tasas delictivas.

 

El gobierno de López Obrador también se enfrenta al trabajo que realizan distintas plumas de la prensa nacional, que han resaltado evidentes casos de corrupción, conflictos de interés o torcimiento de la ley, y que no obstante han sido ignorados, negados o solapados por el mandatario que aseguró que se combatiría la corrupción en su gobierno.

 

López Obrador no está cumpliendo varias de sus promesas, y la comunicación gubernamental del lopezobradorismo empieza a hacer agua. La batalla en las redes sociales se inclina a favor de los opositores al mandatario, y sus propias ocurrencias y errores abonan a que su aceptación muestre ya signos de agotamiento.

 

En breve, el gabinete lopezobradorista requerirá ajustes mayores. Si bien ya se han registrado renuncias, hasta ahora el mandatario no ha solicitado la renuncia de alguno de sus colaboradores por incapacidad. En el caso de la ex secretaria del Medio Ambiente, Josefa González Blanco, la renuncia le fue requerida por cometer un error de los que no perdonará el presidente, pero no fue por incapacidad o por desgaste.

 

Algunas de las acciones de gobierno han sido más por estrategia política que por buscar la eficiencia, como el evidente caso de la detención del flujo migratorio proveniente de Centroamérica en nuestra frontera sur y la decisión de que esa estrategia recaiga en la responsabilidad del canciller Marcelo Ebrard, y no en la de Olga Sánchez Cordero, de quien por ley depende -o dependía- la función migratoria del país.

 

La decisión de mandar a la Guardia Nacional a la frontera sur para cumplir con las exigencias del presidente estadunidense Donald Trump, terminará pasando la factura al gobierno de López Obrador, pues por un lado le regalan al mandatario de Estados Unidos argumentos para fortalecer su aceptación y popularidad con su base electoral rumbo a la reelección el año próximo, y por otro le brindan la posibilidad de que Trump le escupa la cara al gobierno mexicano haciéndolo ver como su lacayo que cumple sus exigencias. “Using Mexico”, le llamó Trump.

 

La comunicación gubernamental del lopezobradorismo requiere de un ajuste para seguir manteniendo la imagen de que es un presidente progresista. La realidad, como siempre la terca realidad, se encargan de ponerle piedras en el camino, y no parece ceder. Quizás por ello el presidente se vea obligado a proferir 280 afirmaciones no verdaderas en promedio a la semana.

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